nov
14

Goodby Dolly

Enamorados de los musicales. Así están los integrantes de este cabaret de bolsillo integrado por tres auténticos clowns de la posmodernidad. Es un espectáculo generacional que rescata los éxitos y vivencias de los niños que nacieron en los 60 y los 70. Los guiños son continuos ya que se repasa desde los éxitos eurovisivos españoles hasta la dañina estética publicitaria de los 80.

La anfitriona del espectáculo es un drag-queen que parodia a los integrantes de su género. Sus ayudantes, boys de escena, Israel Criado y Juan Logar, rompen los estereotipos para generar un nuevo perfil humorístico: el gay maño. El espectáculo tiene apariencia sencilla pero eso es fruto de estar bien resuelto. Si uno se para a analiza hay mucho trabajo detrás, desde la elaboración de los videos que integran parte del espectáculo a la adaptación de canciones mundialmente famosas que versionan con acidez.

En algún momento se echa mano de chistes reciclados o de comentarios de revista de la transición pero contribuyen a crear la atmósfera pretendida: el show decadente de una diva en horas bajas. Los tres actores se dejan la piel en el escenario, no bajan la guardia, interactúan con el público sin molestarle y a cambio te piden que conectes con un estado anímico. Los referentes del pasado son comunes para todos. Son las vivencias de aquellos que crecieron con una sola televisión y donde la percepción del mundo era muy similar. El revival vende y por ello se ha diseñado un espectáculo con la consciente intención de jugar con la nostalgia y los códigos compartidos de una generación, en el sentido amplio del término. Uno se queda con ganas de algunos personajes o éxitos que quedaron en el tintero pero el espectáculo tampoco tiene de ser una enciclopedia, más bien la visión personal de la cultura pop ibérica. En resumen, un show ligero y resultón.

sep
13

50 años de West Side Story

Moderna, conceptual, la pura abstracción convierte a esta película en una lección de realismo. Los 50 años de este “sagrado” musical (de los más redondos de la historia) me han hecho mirar con nostalgia al mundo del cine. A pesar del auge de los musicales en nuestros días, al margen de los intentos teatrales por convertir la Gran Vía en  un escenario internacional y de las nuevas creaciones de las décadas más recientes, la perfección nos obliga a rechazar los bocetos.

La Sexta3  exhibió este verano la película en un ciclo dedicado al género más completo y me dejó con los sentidos tan colapsados que cualquier otra visión me resulta insípida. La realización es extraordinariamente valiente: Casi “warholiana” y con un planteamiento visual teatral pero que sólo se puede lucir en el cine. ¿Alguien más se ha dado cuenta de que ni una sola de las prendas que cuelga de los tendederos está puesta al azar?.

Pero no sólo es saciante en su planteamiento estético, sus canciones son inmortales y sus tramas, plagadas de guiños. Tras la fatídica pelea entre los jets y los sharks , uno de los jóvenes corre por las calles con miedo a la autoridad. En un momento determinado, se apoya en una pared en la que hay un cartel electoral. ¡¡Qué lejana resulta esa propaganda oficial con la realidad que están viviendo en esas calles!!- piensas en ése momento.

Y qué cercano el tema: Inmigración, violencia en las calles, una generación que ni entiende ni comparte el discurso de la casta reinante y un sistema judicial más que mejorable. Les remito a la canción “Dear sargent Krumple” y creerán que la película está hecha por un visionario que además era un genio. El mismo tema “América” expone las dos maneras de vivir el “sueño occidental”: Las chicas defienden que tienen lavadora, ellos les replican que no tienen ni qué ponerse, ellas arremeten con que viven en un paraíso de oportunidades donde pueden elegir su trabajo y los muchachos les matizan que pueden seleccionar entre ser camareros o limpiabotas (esta última opción, lamentablemente ni siquiera es una salida muy airosa en nuestros días).

Ver West Side Story  cuando ni siquiera existías cuando se creó, te hace comprender que existen obras universales y atemporales. Pero además, el mundo de allí de los sesenta recuerda tremendamente al de aquí en la actualidad. Deberíamos animar a los indignados   hacer un musical. Contra los demás indignados que al final, somos todos. Lástima que ni el honor ni el amor dotan de estructura al drama actual.

abr
26

One

La pasión por los musicales es como la pasión por la vida. La música entra en el individuo como en un trance vudú, anulando el razonamiento y contagiando un estado de ánimo, un espejismo colectivo donde todo parece posible.
Pese al boom de los musicales en el teatro español, las televisiones suelen racionar demasiado este género. Tan sólo algunos canales minoritarios exhiben joyas como “Sombrero de copa” , considerando que son muestras del neolítico del celuloide, propio de almas infantiles, aún soñantes y a las que les queda poco por descubrir.
La pasión del musical se siente o no se siente pero yo lo percibo como el auténtico espectáculo total. Hay intentos curiosos y otros que no son dignos de pertenecer al género. Hay aventuras arriesgadas, como lo fue la estupenda versión musical de “Maribel y la estraña familia” que echó el telón por problemas empresariales cuando yo era capaz de recordar las canciones y convertirlas en lemas vitales tras haberlas escuchado una sola vez. Siempre pensé que formaba parte del truco del éxito: Los temas tenían la suficiente fuerza como para generar una especie de hipnosis en los espectadores que a partir de ese momento, al recordar la melodía, serían capaces de obedecer a todo, subyugados y rendidos. Otros quieren apuntarse al carro como el espectáculo de claqué “La letra escarlata”, que pasó recientemente en la Casa de Vacas del Retiro de Madrid y que pese al excelente nivel de baile de sus protagonistas fue una osadía extrema. Un musical es un cocktail de delicada síntesis. Los temas pegadizos, que ericen la piel, los actores con personalidad marcadas, las voces cautivadoras, las letras con esloganes vitales pero también el guión. Sin él, no hay nada. Sin ese guión no importa quien llora, ni cuando, quien ama o quien sufre. Si no conoces a ese quien…si no conoces ese porqué. Recientemente en Veo Tv pudimos ver “Chorus line”. Un musical que me atrevo a calificar de moderno (“Cabaret” marca para mi una nueva era, no digo mejor que lo anterior, más bien distinta). La letra del tema estrella de la película, “One”, deja claro el sentir y palpitar de una estrella del espectáculo. Es un canto a los artistas. Es el relevo y la superación del mítico “There’s no business like show business”. “One” deja claro que todos los artistas son especiales, todos creen ser esa persona elegida pero las oportunidades que la vida ofrece corren desigual suerte. Y ese es el espíritu de este refugio: Distinguir esa esencia, ese “One” entre los talentos y los agraciados, aquello digno de culto y lo pasajero y comercial. Cuando tienes ante sí ese combinado mágico, proporciona una sensación especial. En quien lo interpreta y en quien lo disfruta. ¿Quien puede resistir una audición que durara años, o décadas?. Los verdaderos alquimistas de la mágica del musical.