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abr
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One

La pasión por los musicales es como la pasión por la vida. La música entra en el individuo como en un trance vudú, anulando el razonamiento y contagiando un estado de ánimo, un espejismo colectivo donde todo parece posible.
Pese al boom de los musicales en el teatro español, las televisiones suelen racionar demasiado este género. Tan sólo algunos canales minoritarios exhiben joyas como “Sombrero de copa” , considerando que son muestras del neolítico del celuloide, propio de almas infantiles, aún soñantes y a las que les queda poco por descubrir.
La pasión del musical se siente o no se siente pero yo lo percibo como el auténtico espectáculo total. Hay intentos curiosos y otros que no son dignos de pertenecer al género. Hay aventuras arriesgadas, como lo fue la estupenda versión musical de “Maribel y la estraña familia” que echó el telón por problemas empresariales cuando yo era capaz de recordar las canciones y convertirlas en lemas vitales tras haberlas escuchado una sola vez. Siempre pensé que formaba parte del truco del éxito: Los temas tenían la suficiente fuerza como para generar una especie de hipnosis en los espectadores que a partir de ese momento, al recordar la melodía, serían capaces de obedecer a todo, subyugados y rendidos. Otros quieren apuntarse al carro como el espectáculo de claqué “La letra escarlata”, que pasó recientemente en la Casa de Vacas del Retiro de Madrid y que pese al excelente nivel de baile de sus protagonistas fue una osadía extrema. Un musical es un cocktail de delicada síntesis. Los temas pegadizos, que ericen la piel, los actores con personalidad marcadas, las voces cautivadoras, las letras con esloganes vitales pero también el guión. Sin él, no hay nada. Sin ese guión no importa quien llora, ni cuando, quien ama o quien sufre. Si no conoces a ese quien…si no conoces ese porqué. Recientemente en Veo Tv pudimos ver “Chorus line”. Un musical que me atrevo a calificar de moderno (“Cabaret” marca para mi una nueva era, no digo mejor que lo anterior, más bien distinta). La letra del tema estrella de la película, “One”, deja claro el sentir y palpitar de una estrella del espectáculo. Es un canto a los artistas. Es el relevo y la superación del mítico “There’s no business like show business”. “One” deja claro que todos los artistas son especiales, todos creen ser esa persona elegida pero las oportunidades que la vida ofrece corren desigual suerte. Y ese es el espíritu de este refugio: Distinguir esa esencia, ese “One” entre los talentos y los agraciados, aquello digno de culto y lo pasajero y comercial. Cuando tienes ante sí ese combinado mágico, proporciona una sensación especial. En quien lo interpreta y en quien lo disfruta. ¿Quien puede resistir una audición que durara años, o décadas?. Los verdaderos alquimistas de la mágica del musical.

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