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sep
13

50 años de West Side Story

Moderna, conceptual, la pura abstracción convierte a esta película en una lección de realismo. Los 50 años de este “sagrado” musical (de los más redondos de la historia) me han hecho mirar con nostalgia al mundo del cine. A pesar del auge de los musicales en nuestros días, al margen de los intentos teatrales por convertir la Gran Vía en  un escenario internacional y de las nuevas creaciones de las décadas más recientes, la perfección nos obliga a rechazar los bocetos.

La Sexta3  exhibió este verano la película en un ciclo dedicado al género más completo y me dejó con los sentidos tan colapsados que cualquier otra visión me resulta insípida. La realización es extraordinariamente valiente: Casi “warholiana” y con un planteamiento visual teatral pero que sólo se puede lucir en el cine. ¿Alguien más se ha dado cuenta de que ni una sola de las prendas que cuelga de los tendederos está puesta al azar?.

Pero no sólo es saciante en su planteamiento estético, sus canciones son inmortales y sus tramas, plagadas de guiños. Tras la fatídica pelea entre los jets y los sharks , uno de los jóvenes corre por las calles con miedo a la autoridad. En un momento determinado, se apoya en una pared en la que hay un cartel electoral. ¡¡Qué lejana resulta esa propaganda oficial con la realidad que están viviendo en esas calles!!- piensas en ése momento.

Y qué cercano el tema: Inmigración, violencia en las calles, una generación que ni entiende ni comparte el discurso de la casta reinante y un sistema judicial más que mejorable. Les remito a la canción “Dear sargent Krumple” y creerán que la película está hecha por un visionario que además era un genio. El mismo tema “América” expone las dos maneras de vivir el “sueño occidental”: Las chicas defienden que tienen lavadora, ellos les replican que no tienen ni qué ponerse, ellas arremeten con que viven en un paraíso de oportunidades donde pueden elegir su trabajo y los muchachos les matizan que pueden seleccionar entre ser camareros o limpiabotas (esta última opción, lamentablemente ni siquiera es una salida muy airosa en nuestros días).

Ver West Side Story  cuando ni siquiera existías cuando se creó, te hace comprender que existen obras universales y atemporales. Pero además, el mundo de allí de los sesenta recuerda tremendamente al de aquí en la actualidad. Deberíamos animar a los indignados   hacer un musical. Contra los demás indignados que al final, somos todos. Lástima que ni el honor ni el amor dotan de estructura al drama actual.

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