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jun
22

Desbandados, a “hacer las Américas”

Bueno, me he saltado el décimo aniversario de Salitre 48, aunque degusté con ganas el especial que preparó Santi Alcanda el mes pasado en Radio3, así que -aunque no en el blog- sí brindé por uno de los básicos de mi discografía. Y hoy me toca hablar de Quique. Tocaba cuatro noches en Madrid con ‘Desbandados’, la gira acústica que emprendió hace unas semanas con su compañero Jacob Reguilón. Las horas tempraneras de los teatros se pegan porrazos con mi horario laboral así que sólo me quedaba una oportunidad para ir al Teatro Bellas Artes a disfrutar del concierto: la última noche. Y la última noche, que era la de hoy, teníamos una tarde agitada en el estudio: Joaquín Padilla de Iguana Tango venía a presentarnos su nuevo libro, ‘De cantante a cantante’, y Alejo Stivel y Josu García venían a hablarnos de ‘Decíamos ayer’, el primer disco de Alejo en treinta años post-Tequila. La tarde pintaba emocionante, intensa y copada. Y Desbandados se despedía de Madrid. De hecho, había evitado leer las crónicas de los primeros conciertos, porque no quería ser muy consciente de lo que me estaba perdiendo (quién no lo hace… Aunque al final, siempre se acaba cayendo, y luego sintiendo envidia!). Ni siquiera tenía entradas esta vez… Pero la conseguí, en el tiempo de descuento. Así que había que ir. Aunque acabase colándome tres canciones después del arranque, molestando a toda la fila (perdón) e iluminando con el movil a mi compañero de asiento, un completo desconocido (glups) en busca de alguna cara conocida. Bueno, lo que tienen los teatros, que son muy oscuros (al menos este). Pero, como dijo la cara conocida, al menos llegué en ‘Rompeolas’… Casi en ‘Tarde de perros’. Pero casi cualquier canción de Quique es buena para recibir al recién llegado.

Se tarda poco en acomodarse y sumergirse en un concierto como el que hemos vivido esta noche. Se tarda poco, porque el ambiente es relajado (mucho), hay un silencio muy respetuoso, un silencio que podría quebrarse con el vuelo de una mosca, porque el público está muy atento, pendiente, ávido de lo que está ocurriendo en el escenario. Un silencio que supongo que a Quique le ayuda a tocar, aunque en algún momento, desde que deja la guitarra hasta que se acerca al piano, se gira para preguntarnos si estamos enfadados. Porque estamos serios, dice. Pero el tono deja entrever su humor fino, ese que le acompaña entre canción y canción, y que arrastra carcajadas por toda la sala. Para que luego digan que Quique es otro “chico triste y solitario”. Poco le conocerían, creo. Hoy ha repartido su humor entre todo el equipo, a golpes de ingenio y burla cariñosa. A Ángel Medina, su técnico de sonido, le ha presentado como el tipo que se durmió en un concierto de Bob Dylan, “el día que le teloneaba, el día más importante de mi vida”. También le ha tocado a Jacob, porque  “en trece años es la primera vez que se pone zapatos”, se ríe, “y también el primero que toca la guitarra”. Bueno, lo cierto es que ver a Jacob coger la guitarra es como verle tocando la mandolina. Da la sensación de que, después de soltar el contrabajo, se le queda como “pequeña” al bajista habitual de Quique.

La complicidad entre ambos es evidente, tanto como tiempo llevan tocando juntos. Probablemente sea el músico que mejor conoce el repertorio completo del madrileño. Lo ha mamado gira tras gira, disco tras disco. Y ahora, juegan a desnudar las canciones juntos, con un contrabajo exquisito, por rara que suene esta palabra de repente en un blog informal. Suena así, delicado, realzando la guitarra, avivando las canciones y dándoles un sonido redondo, como el propio repertorio, que de vez en cuando Quique presenta. Como si el público del teatro no conociera cada disco y cada canción de su carrera. Probablemente, tanto o mejor que el propio Jacob. “Da gusto con vosotros”, dice desde el piano, sabedor de que ese público es de los más fieles que puede tener un músico. Han cantado bajito, han sonreído cada puntada fina de Quique, han aplaudido su lapsus en una estrofa y se han lanzado a hacer una avalancha de peticiones musicales cuando él les ha brindado la oportunidad. Al final, les ha regalado una de ellas, ‘Día de feria’. Y ha incluido un par de versiones, ’Adelita’ -esa canción de hace “más de cien años, que también cantan tíos vestidos de negro con mallas”-, preparada -”que no ensayada”- con César Pop al piano,y ‘Hoy puede ser un gran día’.

Ahora, cuando estoy a punto de terminar de recordar el concierto, me quedo con dos detalles. Uno, cuando Quique me contó, hace un par de meses, que sabía que era un proyecto no muy comercial, pero que le hacía una ilusión tremenda. No tendrá banda, de acuerdo; no sonará eléctrico, bien; pero no creo que haya quien no disfrute un concierto como este, con un repertorio bien elegido y bien presentado. El otro detalle, lo ha tenido hacia el final del concierto. Un gesto bonito, de complicidad con el patio de butacas, cuando ha presentado ‘Nunca escaparán’. Quique dice que, entre otras lecturas, esa canción habla en sí de las canciones: ‘De tí/nunca escaparán/y por eso las confío en tí’. Y así lo hace: deja las canciones en nuestras manos, a buen recaudo. Él lo sabe, por eso se va tranquilo. “No volveremos a tocar en España hasta septiembre”, anuncia. Mañana emprenden un viaje importante, se van “a hacer las Américas. Aunque preferiríamos que fueran las Américas las que nos hicieran a nosotros”, ríe. Sea como sea, será una experiencia inolvidable. Suerte, Quique.

Un comentario

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  1. Jesús escribió:

    Arantxa,te comprendo.A veces por horario de trabajo no puedo asistir puntual a los conciertos y me sucede como a tí.Es cierto que en un teatro,un lugar mas respetuoso y señorial,es más delicado llegar a tu asiento.

    De Quique González te diré que escucharle es sentir emoción.Hace unos días escuché en radio 3 una interpretación que hacía del maestro Enrique Urquijo de Aunque ya no lo sepa.que sensibilidad a flor de piel.Servía para ilustrar esa biografía que ha aparecido de la figura de Quique escrita por Eduardo Izquierdo y propio cantautor.

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