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ene
18

Hay canciones… de salvamento

Cuando pasas tiempo fuera de tu ciudad. Cuando trasladas tu residencia a otra urbe más lluviosa, con menos sol es allí donde algún día nostálgico la recuerdas y como si de una película se tratara empiezas a yuxtaponer fotogramas, las primeras imágenes que te vienen a la mente y conforman tu ciudad. La que tú has visto y has vivido. Y tienes ganas de compartirlo, de contarlo y decir que tu ciudad es la mejor porque cuando la tienes lejos esa es tu sensación. Y luego estás en ella y la vuelves a recorrer y ahora ya no la echas de menos ahora recuerdas la otra y sientes nostalgia por los días grises, las lluvias intensas o incluso las nevadas. Pero hay un día en el que olvidas a la otra, a la que tienes lejos y disfrutas de la que tienes más cerca porque no estamos para perder el tiempo.

Hay calles en mi ciudad, en la de ahora, que tienen un significado especial. Rincones sólo míos, quizá de otros también. De muchos. Y hay bandas sonoras para cada uno de esos sitios e imágenes irrepetibles. Y sensaciones que existen y no sabes muy bien porqué. Hay una calle, la calle Navellos que tiene banda sonora. No hablo sólo de la gente que camina por ella, hablo de una canción, de un cantante valenciano que le dedicó su música. Es Manolo Tarancón.

Y hace unos días y porque la casualidad existe. Paseaba por ella, rodeada de gente que más que pasearse por ella, camina rápido, sonó en mi iPod esa canción, la de Manolo Tarancón. Aminoré mi paso y sí se acabó mi dosis de anestesia. Caí en la cuenta que volvía a estar en Valencia. Pero lejos de sentirme triste o nostálgica, se dibujó una sonrisa. Y llegué a la esquina de la Casa de los Caramelos y seguía sonriendo y me vino un recuerdo de cuando era pequeña y por unos minutos olvidé la otra, la ciudad que me recogió durante un año y viví en ésta, la que me vio nacer. Dejaba atrás la Calle Navellos y sonaban los últimos acordes de la canción. “Y regresé a mi Ítaca, a ese lugar interior, ese origen al que en determinados momentos de nuestra vida marcados por un esencial cansancio, anhelamos volver no es un lugar geográfico, ni tampoco metafísico, sino un estado…”

Me hizo bien volver a esa calle, que sonara esa canción y terminar de leer el increíble y maravilloso libro de Chantal Maillard. Gracias a ella, a Manolo Tarancón y a la esencia de Valencia regresé. Lo que me di cuenta es que quizá nunca me fui. Y también que no soy ni de aquí ni de allí. Seré de donde quiera ser.

http://www.youtube.com/watch?v=EEEdfx1SLko

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