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Los Secretos
En este mundo raro
septiembre de 2011

Valoración Popes80:

Valoración Comunidad:

Itxu Díaz   |  10/10/2011
Sea cual sea la razón, la magia ha vuelto a funcionar.
En este mundo raro.
El disco se abre con un single amable. Suena a Los Secretos desde el primer segundo. La herencia del sonido de 'Dos caras distintas', que -brillando a veces más y otras menos- no se ha salido de su cauce desde entonces. Una canción con la que es fácil identificarse, para engancharse y empezar bien un viaje que va a hacer muy felices a los seguidores de Los Secretos. Una buena puerta de entrada a uno de los grandes discos de este 2011. Y una pregunta existencial de fondo, que queda abierta –con la sutileza que caracteriza las letras del grupo- para que cada uno responda como prefiera: "En este mundo raro / que tanto se complica / y no tengo claro / lo que significa".

Sólo quiero que me digas la verdad.
Esto es Álvaro Urquijo en su mejor momento. Los Secretos, antes de la muerte de Enrique, eran dos mitades, muy diferentes, perfectamente acopladas. En Sólo quiero que me digas la verdad nos reencontramos con esa otra mitad, que a lo largo de la historia del grupo ocupó un protagonismo central en grandes temas. Recordemos por ejemplo Qué solo estás, Soy como dos, o Amiga mala suerte. Sólo quiero que me digas la verdad encierra además una sencilla y bonita lección: si quieres solucionar un problema, empieza por decir la verdad. Y por decírtela. Gran canción, gran estribillo ¿Un posible segundo single?

Enséñame a dormir
Medio tiempo encantador que, como todo el disco, reúne la mejor tradición musical de Los Secretos. Y que despierta en un estribillo poderoso. El álbum cuenta con varias canciones firmadas a la par por Jesús Redondo y Chema Vargas. Una fórmula que ha dado excelentes resultados. Enséñame a dormir es buena muestra de ello.

Trenes perdidos
Cuando parecía que lo mejor ya había pasado, de pronto, comienza otro disco. Arpegio de oro. Lamento de guitarra. Tristeza eterna en la voz templada de Álvaro. Y una primera estrofa que, después de escucharla, nos persigue durante días: "Bien por la chica de los ojos tristes". Una de las letras más bonitas del disco, que sigue sumando a una larga trayectoria de treinta años de melancolías y sentimientos cotidianos. De nuevo, el tándem Jesús Redondo-Chema Vargas. Una canción redonda y una letra a la altura de lo mejor del grupo. Me aventuro: creo que a Enrique Urquijo le habría encantado interpretar esta canción. Cada acorde parece que está esperando su voz a la vuelta de la estrofa.

Lágrimas sin nombre
De nuevo, aire fresco, y lo mejor de Los Secretos. Cuentan que Álvaro Urquijo tenía guardada está adaptación al castellano de Nameless Faces desde los años de la movida. Ha elegido el mejor disco para sacarla. Mucha frescura y mucha juventud, sostenida sobre el poso de la experiencia.

Desapareces
De nuevo el estilo y el sonido tradicional del grupo, en las que canciones musicadas por Álvaro Urquijo, vuelve a sonar actualizado a nuestro tiempo. Los seguidores del grupo más mayores disfrutarán especialmente con esta canción. De nuevo, en ese estribillo, se echan en falta los coros de Enrique Urquijo. No lo digo como algo negativo, sino positivo: porque esa es la prueba de que este disco está a la altura de los mejores momentos del grupo madrileño; dicho sea con la prudencia a la que invita su irrepetible colección de canciones de los años de oro.

Por segunda vez
Tercera composición conjunta de Jesús Redondo y Chema Vargas. Acústica, brillante, melancólica –por supuesto-. Suave, hasta que rompe el estribillo, que gana fuerza: "Volvería a vivir toda mi vida entera / esperando el momento en que te encontré / si pudiera quererte por segunda vez". Quizá está musicalmente más próxima a lo que han hecho Los Secretos en los últimos discos.

Buena vida y mejor vino
Que nadie se duerma. Sorpresa. Canción de Ramón Arroyo e Isabel Penalba. En este disco hay hueco para todos los miembros de Los Secretos, y eso le da un color especial, sin perder ni un poquito de identidad. Buena vida y mejor vino es aire fresco, sabor country, y un buen cambio de ritmo en la mitad del álbum.

Has llegado un poco tarde
Madurez. Bonita metáfora de la situación del propio grupo, que lleva sosteniendo uno de los mejores repertorios del pop español desde los primeros 80. De nuevo el sello inconfundible de Álvaro Urquijo. Si la historia del grupo fuera otra, Has llegado un poco tarde podría sumarse a un segundo disco en solitario del actual líder de Los Secretos. Lleva su forma de escribir, de cantar y de tocar. Su personalidad artística.

Sin aire
El batería Santi Fernández –que ya compuso con éxito en su grupo 39 grados- aporta Sin aire, el décimo corte del disco. De nuevo un color diferente, un nuevo giro que engrandece el álbum sin hacerle perder su tono. Un tema envolvente, que llena todos los vacíos. Es buen momento para felicitar a Carlos Narea, productor del disco, por haber respetado el sonido de Los Secretos atravesando bosques tan diferentes y cruzando jardines de tan distintas características. Cada uno aporta lo mejor.

Quererte por querer
Colaboración de Álvaro Urquijo con el imprescindible José María Granados de Mamá. Gran letra y estribillo pegadizo. Nuevos brillos en la recta final del disco. Lo único que hay que lamentar es que esta vez no haya habido algún espacio más para las canciones de José María Granados, que siempre ofrecen excelentes resultados a Los Secretos.

Soñadores
El bajista Juanjo Ramos firma junto a Chema Vargas la penúltima canción del disco. Canción para soñadores, para perdedores, musicalmente muy próxima al anterior disco de Los Secretos. Bonito anticipo. Se acerca el broche de oro.

Bailando con la luna
Muchos de los grandes discos de la historia de la música cierran con una balada de mar tranquila, de media luz, de esas que se arman sobre una voz cruda y un piano. Este de Los Secretos, que aspira a mantener alto el listón, no podía ser menos. Por eso cierra con Bailando con la luna. De nuevo, la magia surge de la unión de Jesús Redondo y Chema Vargas en la autoría, de la voz de Álvaro y de la experiencia de Los Secretos.

Conclusión
De Los Secretos no esperamos sorpresas, pero tampoco más de lo mismo. Es una situación difícil. Después de cinco años sin componer, el grupo liderado por Álvaro Urquijo podía cubrir el expediente, sin complicarse la vida. Y sin embargo, ha tenido la ocurrencia –o tal vez se ha dado la magia, siempre inexplicable en esto de la música- de sorprender con un gran álbum. Me decía Javi Nieves hace unos días que el disco "va ganando de comienzo a fin" y no puedo estar más de acuerdo. Es una gran noticia comprobar que Los Secretos han vuelto a conmovernos, a hablarnos de las cosas de la vida de una forma sencilla. Han vuelto a retratar sentimientos con esa forma tan particular de pintar, con ese barniz que rodea al grupo desde hace muchos discos. Puede que sea la larga espera –este disco tenía que haber salido mucho antes-, la experiencia acumulada en treinta años, la extraordinaria aportación de Chema Vargas, la especial inspiración de Álvaro Urquijo, el trabajo intenso de todo el grupo, o la inteligencia de Carlos Narea. O todo un poco. Sea cual sea la razón, la magia ha vuelto a funcionar, y Los Secretos han registrado un disco a la altura que merece un repertorio de treinta años de éxitos como el que llevan a sus espaldas. No es nada fácil. Y sí, es una gran noticia para el pop español.
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