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Los Elegantes
Pascual Roel   |   10/09/2009
Siempre ha habido discos y artistas de mucha presencia y pocas ventas pero nula presencia mediática o simplemente sin amigos en los medios.
“No se trata sólo de sobrevivir. Sino de hacer lo que esté en nuestra mano para ayudar a difundir su arte a quienes han tenido la mala suerte histórica de dar con su talento contra el muro”, escribía el director de este diario. “Para nosotros, los españoles, estas historias exóticas y divertidas son el no va más, pero siempre con gente de fuera, nunca se han inventado un cuento tan excéntrico con ningún artista patrio”, reflexionaba nuestro Juan Herrero antes del verano. Tomando estas dos ideas como sustento conceptual seguiremos con la argumentación de la semana pasada pero aplicada a un caso concreto, teniendo en cuenta que hablaremos de un grupo que en cierta medida ha destrozado su talento contra el muro de la realidad y del que nunca se han inventado ninguna historia exótica y divertida (al menos públicamente).

Por tanto, quedábamos la semana pasada en la idea de hablar de los grupos con poca repercusión mediática, o que por diferentes circunstancias se quedan en tercera o cuarta línea de fuego, en donde, no llegaron a explotar, a pesar de que se sitúan directamente en las estanterías de muchas discotecas particulares donde tienen un papel relevante. En realidad, la repercusión de un grupo y su música se deben de medir tanto por el impacto real en la sociedad (en conjunto) como por la importancia en cada caso particular, con lo que tendríamos que muchos grupos en apariencia “que nadie conoce” tiene lugares de privilegio y de situación dentro del propio orden de preferencias de mucha gente. El miedo a estudiar libremente las discotecas particulares y los gustos reales de la gente siempre ha sido un gran obstáculo tanto para los estudios desde las Ciencias de la Comunicación como desde los Cultural Studies, y tanto por la complejidad de su realización como por la incertidumbre de sus resultados, puesto que se cede a los medios de comunicación (radio, prensa, tv.) la representación de lo que “nos gusta” a la gente, con lo que lo que creemos que es lo más escuchado es más representado que real. Y en esa representación siempre ha estado el engaño de la música, explicitado en listas de ventas o listas de éxitos, a la vez que explica el porqué del triunfo de muchos grupos con pocos discos vendidos pero con conciertos, influencia y circulación. Siempre ha habido discos y artistas de mucha presencia y pocas ventas pero nula presencia mediática o simplemente sin amigos en los medios.

Otra modalidad de estas consideraciones nos lleva al estudio de los discos que más poseen los fans de un grupo, es decir, los discos de la discografía oficial de las bandas. Seguramente nos encontraríamos que tal o cual LP, CD o MP3 está menos en la casa de los aficionados que otros, siendo todos parte de la discografía oficial de tal o cual grupo. Las causas de todo esto son diversas: los éxitos, las promociones, la circulación clandestina, la transformación en MP3 y otros formatos, la compartibilidad, etc. Quiero referirme dentro de estos discos que “pocos tienen” dentro de las discografías “oficiales” a un trabajo del grupo madrileño Los Elegantes, que son considerados uno de los grupos fundacionales o por lo menos que están en el “hard power” de la llamada Movida Madrileña. Su trayectoria fue errática; con grandes desencantos discográficos; y marcada para bien o para mal por Rafael Abitbol, al que han criticado. El grupo tuvo una primera época donde pertenecían a la discográfica Zafiro y en la que fueron un poco víctimas de las circunstancias que rodearon a aquel sello. Estrenaban discos que de alguna forma quedaban enterrados, sin excesiva promoción, aunque también hay que decir que no fueron capaces de plasmar en un Long Play su auténtico sonido de forma solvente en esa primera época (algo que sólo consiguieron totalmente en su último disco (ya para DRO): “A fuego lento”). Quizá les perjudicó su vinculación con lo que se llamó en España de una forma un poco forzada el movimiento mod (igual que posteriormente Los Sencillos), que fue causa de alejamiento y de brillantez dentro de la uniformidad estética y mental de la Movida.

Por todo esto, el disco “Perder o Ganar” (Zafiro, 1989) de Los Elegantes es el que más podemos definir dentro de todos estos parámetros explicados hasta aquí. Un disco excepcional, con una promoción corta y una vida comercial pequeña pero lleno de grandes momentos, y que ha pasado a ser un disco “raro” dentro de la discografía oficial de Los Elegantes, y no fácil de encontrar tanto en las casas de los fans del grupo como en las tiendas. El trabajo cerraba la etapa Zafiro de Los Elegantes y nos dejaba un gran sabor de boca. Los temas más conocidos son “Los buenos tiempos”, “Déjame entrar” (que fue single en aquel fallido directo-primer disco para Dro), y la canción que da título al disco “Perder o ganar”, que es una de las mejores canciones de Los Elegantes y que por una mala elección en aquel doble directo se quedó fuera, igual que “En el corazón de la resaca” (que no pertenece a “Perder o ganar”), interpretado con múltiples invitados con gran entusiasmo. Todos nos llevamos una sorpresa cuando esos dos temas no fueron incluidos en el doble directo en lo que era otra decisión equivocada de Los Elegantes o de su discográfica…

El disco fue producido por Andreas Prittwitz (que años después haría un básico excepcional con La Frontera y nos sirvió lo mejor de los 091) y pese a las críticas de la época suena de forma preciosista y muy encajada. Las canciones compuestas por Juanma del Olmo –Oso- son de las más interesantes (“Los buenos tiempos donde están”, “Déjame entrar” y “Magia”) aunque destacan también “Perder o Ganar” (de Emilio López y José L. de la Peña), “Viento de invierno” y “Calle luna”(Emilio López) y “Regreso a mi dulce hotel” (de Emilio con Galiacho). Prittwitz plasmó un sonido totalmente incontestable contando con las programaciones de José A. Romero (Sabina, Rosana, Estopa, Victor Manuel, etc.), los arreglos de viento de Fernando Sancho, las percusiones de Wally Fraza y la trompeta y el fliscornio de José Luis Medrano, que acompañaron a los saxos de Javier Paixariño y el propio Prittwitz en “Déjame entrar”, “Ana” y “Dulce hotel”. Las grabaciones se realizaron en octubre de 1988 en los estudios Musigrama y The Sound con Juan Miguel Cobos y Tito Saavedra. Del disco se extrajeron tres singles: “Los Buenos tiempos”, “Perder o ganar” y “Magia”, una de las mejores del pop español. “Rompe el cristal de tu corazón y vuelve a contar las estrellas del cielo (…) escucha a la luna contarte mis cuentos (…) grita al mar cuando el viento sople en tu habitación”, dice la canción. Esta canción “Magia” pasó desapercibida y seguro que ni es conocida por muchos fans pero es una auténtica maravilla. Recuperarla y memorizarla es parte de esas ideas que exponían tanto el director de Popes Itxu Díaz como Juan Herrero (el talento contra el muro y la falta de escribir sobre nuestra música).

La canción me ha recordado que gime lejana una sirena en la ciudad. La niebla helada resbala sobre el cristal…Parece que el verano se va para que la lluvia del invierno nos limpie y nos ponga al abrigo de alguna luz. Cualquier lugar resulta más peligroso cuando despierta la nostálgica tentación del regreso, de la vuelta, porque hay que ser capaz de no dejarse apartar del propio rumbo aun en el caso de que uno se quede solo. Me desangro, pero, aparte de eso, no tengo ninguna razón para decir nada, porque “perder o ganar sólo es juego de azar”…Al fin y al cabo, es posible vivir en una casa con jardín y de madera en pleno centro de París o cultivar tulipanes en una mesa?
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Pascual Roel es periodista y colaborador de opinión en POPES80.com
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