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Las discográficas: en el ojo del huracán
Juan Herrero   |   25/03/2010
Este texto quiere ser un reconocimiento y un tributo a todos aquellos trabajadores de las discográficas que lo están pasando tan mal en estos tiempos de crisis, y aquellos que desgraciadamente fueron despedidos.
Mucho se ha comentado, y se comentará, sobre el trabajo de las discográficas, su futuro, y su parte de culpa en la actual situación de la venta de discos. He querido abstraerme de todo prejuicio, reformular las preguntas para dar una nueva visión a esta cuestión. Cambiar el punto vista. ¿Y si las discográficas no fuesen tan malas como generalmente percibimos?
Partamos del inicio. Una discográfica no deja de ser una empresa que se dedica, como actividad principal, a la venta de discos. Como toda empresa que se crea su finalidad es, mediante el ejercicio de su actividad profesional, obtener unos ingresos que superen a los gastos, es decir, tener beneficios. Hasta el día de hoy no conozco ninguna empresa que haya sido constituida con la intención de obtener pérdidas, salvo las que son creadas con un uso fraudulento. Además, como toda empresa, ya sea grande, pequeña, o mediana, son fuente generadora de riqueza, pues contribuyen con sus impuestos a la mejora de un país, y crean empleo. ¿Son todas estas características de las empresas aplicables a las discográficas? En principio parece que sí.

Como accionistas, o socios de la empresa, no hay nadie más interesado que éstos en que la discográfica venda todo lo posible e intente rentabilizar sus inversiones. Cuando una Compañía apuesta por un artista, no hay nadie más interesado en que la cosa funcione que los que ponen la pasta, incluso hay veces en que al artista no le va tanto en ello como a la discográfica. Ahora bien, una discográfica no es una empresa al uso, porque nada en lo que se refiere a la cultura parece que funcione según los más elementales principios mercantiles. Muchas discográficas, incluso me atrevería a decir que la inmensa mayoría, no ven sólo una inversión en un músico, apuestan por él porque les gusta lo que hace, aman su trabajo, su arte y por eso le apoyan; por eso existen determinados artistas que tienen un status de estrella, que no es otra cosa que hacer lo que les parece en todo momento.

Pero desde hace algo más de una década las discográficas se han encontrado un enemigo poderoso: Internet. Porque desde el principio lo han visto como un enemigo, en vez de unirse a la revolución de la Red. Enemigo al que nunca podrán vencer, porque contra el intercambio gratuito de canciones entre usuarios no se puede competir. Por regla general nadie paga por lo que puede obtener gratis. De tener una posición de privilegio, han perdido el control de “lo que suena y lo que no” y a ese cambio es difícil de adaptarse. Ahora a marchas forzadas lo intentan hacer.

Una de las nuevas líneas maestras de las discográficas es incluir en los contratos con los músicos un porcentaje de los conciertos. ¿Por qué? La respuesta ya la anticipó hace algún tiempo Alaska al reconocer públicamente que a ella le daba igual el top manta o las descargas de internet, porque gracias a eso había más gente que escuchaba sus canciones y más gente que acudía a sus conciertos. Estas declaraciones le valieron el boicot de las tiendas de discos durante algún tiempo. Y es que los músicos se adaptaron mucho mejor a internet que sus respectivos sellos, porque eran conscientes que donde ellos ganaban el fruto de su trabajo era en los directos, y siendo socios de la SGAE, que es capaz de sacar dinero de debajo de las piedras.

Los músicos, con razón o sin ella, también han transmitido una imagen lamentable de las discográficas, que son las mismas que publicaban sus discos. Aunque por regla general siempre se han referido a las multinacionales. Esa visión de empresa extranjera que nada le importa la música, que sólo mira los beneficios, como si lo único que pretendiese el directivo de la gran compañía es tener el dinero suficiente para poder estar noche tras noche descorchando botellas de Moët & Chandon al lado de las mujeres más bonitas. Es cierto que como en todo negocio se han hecho muchos abusos y se han cometido grandes injusticias, pero también es cierto que hay mucho ego suelto que no sabe encajar un segundo plano. Las discográficas que chuparon como sanguijuelas a sus músicos es justo que ahora sufran que éstos se despreocupen de sus antiguos amos; pero aquellas que han apostado y mimado a sus artistas seguramente se sientan traicionadas si se fugan con la primera agencia de management que pasa por delante.

Resumiendo. Las discográficas tienen parte de culpa de su situación, por una mala gestión y no haber sabido anticiparse al cambio que trajo Internet. Pero no son el demonio cultural que se pretende crear. Pagan, por regla general, la grabación de los discos, las promociones, los diferentes gastos que tiene un disco, etc. Es lógico que si pagan quieran recuperar el dinero por otras vías a las ventas de discos, porque lamentablemente los discos no son rentables. Pero tampoco pueden imponer al artista un cambio contractual para obtener un beneficio de sus conciertos. Por eso discográficas, agencias de contratación, management… serán todo uno, porque para que haya conciertos, también hay que grabar las canciones. ¿Por qué entonces no vemos a las discográficas como una fuente generadora de riqueza económica y cultural?
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Juan Herrero es colaborador de POPES80.com
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