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Silvino Díaz
Pascual Roel   |   19/04/2010
Es frecuente entender al grupo vigués Aerolíneas Federales como una vía de salida para que Miguel Costas diera rienda suelta a parte de su creatividad más “popy” y “sensible”.
Es frecuente entender al grupo vigués Aerolíneas Federales como una vía de salida para que Miguel Costas (también miembro de Siniestro Total) diera rienda suelta a parte de su creatividad más “popy” y “sensible”. Esa idea, que no deja de ser certera, sería conveniente primero precisarla (Aerolíneas existieron desde 1981) y, segundo, complementarla, haciendo partícipes de esa idea de Costas a todos y todas aquellos y aquellas que arrimaron el hombro para que todo pudiera suceder. Nos referimos a Flechi, a Coral Alonso, a Rosa Costas, a Luis Santamarina, a Pablo Novoa, a Miguel Rodríguez, a Silvia García, pero sobre todo a Silvino Díaz. La historia en general, y la historia de la música en particular, está llena de personajes que se quedan en ese segundo plano, que no trascienden, que no figuran, pero sin los cuales todo sería imposible. Son personajes que prefieren vivir su propia vida más allá de su proyección pública, y eso es lo que hizo que Aerolíneas Federales pudieran cuajar: la falta de egos evidentes y el reparto de la “exposición” pública. Silvino Díaz estuvo desde el principio en Aerolíneas pero anteriormente había formado el grupo BAR junto a Javier Martínez (después en Semen Up) y otros. Silvino fue bajo, guitarrista, cantante, animador y el baluarte estético y artístico de la banda. Supo tener protagonismo, perderlo, dejarlo de tener, recuperarlo y disfrutar de todas las circunstancias. Siempre en un discreto segundo plano, con elegancia, con saber estar, con esa pasmosa flema del que prefiere mantenerse a un costado de las aguas revueltas.

Durante los 80 y los 90 era habitual ver a Silvino por los bares de Vigo. Todos esos que todos nos imaginamos, pero también el Zimbagüe (si no recuerdo mal) donde el solía estar poniendo copas. Coincidí muchas veces con él. Nunca una mala cara, nunca una mala contestación, nunca un gesto arisco, nunca una palabra más alta que otra. Siempre la corrección, esa mirada cariñosa, ese fondo de buena gente. Cuando uno ve a Silvino se da cuenta que es de ese tipo de personas en la que seguro puedes confiarle tu jarrón chino más delicado porque no sólo lo va proteger sino que también lo va a cuidar. Lo delata su mirada, sus ademanes, su forma de habitar el espacio.

Dejando a un lado las descripciones personales, me gustaría reescribir la historia de Aerolíneas Federales a través de Silvino. La carrera de AF se puede dividir en tres partes. El primer disco, de sorpresa, de sonido redondo, con guitarras ariscas pero controladas y una producción muy decente a cargo de Enrique Martínez con la ayuda de Guillermo Peral. Ahí, además de las versiones, está la canción “no me beses en los labios”. Los hermanos Costas, Silvino, Coral y Luis se repartieron el trabajo en los escenarios, tomando cada actuación como una performance, como una obra artística, donde se diluía la autoría de las canciones de Miguel Costas en unas fiestas y vitalismos continuos. Es un error entender a Aerolíneas Federales como un grupo “ligero” o “intrascendete”. AF fue una forma nueva de entender el arte, de entender la muerte del autor, la importancia del público y el reparto de tareas en las actuaciones. Silvino combinaba el bajo con elegancia en muchos playbacks con la guitarra en actuaciones en directo, siendo una especie de “segundo” Miguel Costas pero en elegante y en guapo. Incluso ya cantaba una de las versiones incluidas en el LP: “vacaciones”. Ya desde el principio había mucha química en las actuaciones con las chicas (eran sus novias), pero supieron compaginar todo. Ante todo esto, rápidamente todo el mundo “underground” se apresuró a acoger a los vigueses en sus brazos pese a su música “facilona” y su estética un tanto “cool”.

Después de este primer disco llegó el éxito y la segunda fase del grupo. Los discos “Hop Hop” y “Tomando Tierra” son dos obras de arte tanto estética como musicalmente. “Hop Hop” tuvo una producción muy criticada pero para mí muchos de los sonidos programados que se aprecian en el disco son de una altura musical destacada. Canciones como “Latigo Negro” consagrarían a Miguel Costas como uno de los compositores más audaces de la música española. La novedad de este segundo disco es que Silvino ya entra a formar parte de las composiciones. Así son suyas la magnífica “No quiero sufrir” y es coator de “Soy un señor” con Miguel Costas y de “La Loncha” con Luis Santamarina, canción que también canta. Aunque el tema central del disco fue “Hop Hop” su versión de “Video Kill the Radio Star” (Mi video no tiene mando a distancia”), donde Silvino es parte de la voz los coloca en popularidad ascendente.

Y así llegamos a “Tomando Tierra”, un disco producido por Servando Carballar con una eficacia sobresaliente (aunque el sonido del disco fue calificado de “plano” en la época) y desde el que con modestia una canción como “Tú al monte y yo al mar” se convierte para sorpresa en la canción del verano oficiosa de aquel año. Temas como “Sex simbol”, “Soy un bollito” o “Lejos del mar” nos muestran a un Miguel Costas volcado a las composiciones de amor y de sentimientos adolescentes (o no tanto según se mire). Las voces de Rosa y Coral, acusadas por una parte de la prensa musical de “desafinadas” suenan como nunca y ambas también alcanzan una estética muy conseguida. Coral ha sido una de las cantantes más personales y misteriosas del pop español de los últimos años. Coral era (y es) una mujer con muchas aristas en la que su belleza y su estética siempre ganaron a un buen conjunto de fans para Aerolíneas. Recuerdo cuando ponía copas en la Iguana (local de Vigo) y cada vez que me hablaba se me subía el corazón a la garganta, aunque siempre ví algo diferente en aquellos ojos que nunca fui capaz de descifrar. Por su parte, Rosa ha sido la cantante más resultona del pop español. Voz adecuada, físico impecable y personalidad suficiente, hicieron de ella una de las mujeres más deseadas por los fans del grupo, y también cuando ponía copas en la noche viguesa…Más allá de las chicas, Silvino seguía siendo el aglutinador de un grupo en el que iba ganando protagonismo compositivo. “Horóscopo” (con M. Costas), “Nadie es perfecto” (con L. Santamarina) y “La Feria” (en coautoría con la que será su mujer Rosa Costas) son las aportaciones de Silvino, quien se prodiga ya mucho más como cantante. Aquí también el grupo logra una buena conjunción en directo. Fue memorable una actuación de la época en Castrelos. Silvino cantando “Te echo de menos” en el escenario vigués con las chicas a los lados, Luis Santamarina a la batería, Miguel Rodríguez al bajo y Pablo Novoa a los teclados, con quien alcanzan el mejor directo del grupo en toda su historia. Silvino, siempre elegante, vestía de blanco tanto en su camiseta como en sus pantalones y sus botas camperas. Su solidez ante el micrófono, su saber estar en el escenario, sus miradas complices con las chicas, sus “juntadas” con los miembros del grupo, hacían que el grupo se percibiera como muy compacto desde fuera. Durante esta época fueron habituales de la TV donde solían ofrecer unas actuaciones divertidas por los continuos juegos entre sus componentes y por la forma de entender los playbacks de Luis Santamarina, quien abandonaba la batería para coger el bajo, guitarra, etc. y hacer del escenario una auténtica performance. También es de esta época una actuación memorable en un programa que copresentaban Óscar Ladoire y El Gran Wyoming (ay!, que diferencia con ahora…), en la que se pudo comprobar la solvencia del grupo en los directos en distancias más cortas.

Cerrada esta época de “gloria”, el grupo decide cambiar y entra en su tercera fase. Los 80 tocaban a su fin y las cosas estaban cambiando. Había que cambiar la estética y deciden endurecedor el sonido. Guitarras más ramonianas y sólo cantan las chicas. Silvino acepta un rol secundario con un sonido más sucio. Surge así “Échame sifón”, disco de portada preciosa, sonido desaprovechado con una producción mejorable a cargo de Miguel Costas en el estudio “Planta Sónica” de Vigo junto a Javier Abreu (Los primeros Planetas, Tombostones, etc.). La elegancia estética es sustituida por vaqueros negros, cazadoras de cuero (negras) y camisetas de Los Ramones. Pese a todo esto, Silvino gana protagonismo en las composiciones y firma las mejores composiciones del disco con Luis Santamarina: “Lárgate”, “Mucho güisqui y rock´n´roll”, y con Miguel Costas “Hazle caso a mi corazón”, “Ponte a tope” y “baila balacona”, y su primera en solitario: “puede que te vaya mal”. El disco deja un sabor de boca amargo. No funciona pese al apoyo de la radio pública y una versión “quiero rock´n´roll” que suena en todos los pubs de España. Coral abandona la banda y algo se rompe en el ecosistema del grupo. Nada será lo mismo. La cosas se agraban y abandonan DRO para fichar por VIRUS/RCA, aquel experimento de Servando Carballar, quien lleva de nuevo a Aerolíneas a los 40 principales y con la compañía de Mario Gil factura un disco sobresaliente, y último, justo cuando Silvino alcanza su madurez como compositor. Miguel Rodríguez también deja de ser de la partida y se incorpora Pedro Díaz, primo de Silvino, que le confiere al grupo una estética más rocosa y una nueva guitarra y Silvia García. El sonido en directo es correcto pero poco diferenciado de tantos y tantos grupos del momento (Los Romeos, etc.). Pero aquí encontramos el mejor Silvino con temas como “Yo asesiné a mi novio” (una obra maestra) o “No sigas mi camino” (otra magnífica canción) que firma en solitario, así como “Bésame” y “Voy a cantar” y la magnífica “Esta es nuestra noche” con M. Costas, además de dos temas más con L. Santamarina. El disco tiene como tema central “Otro domingo” de Miguel Costas pero la presencia de Silvino es fundamental.

on esto llegamos al fin de las reflexiones sobre Silvino Díaz y de Aerolíneas Federales. Su protagonismo en ascenso, su talento permanente en todos los años del grupo y su buen hacer nos llevan a un personaje a la sombra pero imprescindible en la movida viguesa, española y en los 80 en general. Sería injusto olvidarse también de Luis Santamarina, que combinó su aventura con la de “Bromea o Qué” y que es uno de los músicos que mejor ha entendido lo que es estar encima de un escenario, y de las tres chicas: Silvia, Rosa (la más completa y la más guapa) y Coral, esta última misteriosa, con una mirada perdida, con un gesto difícil, con una elegancia y un porte imposibles de alcanzar y con una sonrisa poco frecuente. Silvino, como te dije una vez hace un par de años en un pueblecito de cuyo nombre no me quiero acordar, no todo cayó en saco roto. Somos muchos los que os recordamos. Quizá a mí todavía me gustaría estar en una esquina de vuestro pub de Vigo, anónimo, ausente, pensativo, pero observando a mis ídolos y comprobando que a veces la gente que admiras por su talento también la llegas a considerar por sus actos personales, por su comportamiento y por su humanidad. Pero si estuviera allí, no estaría escribiendo estas letras, que dejo a los pies de mi cama para que una bocanada de aire fresco las lleve hasta ti. Si las recibes, léelas, porque son para ti, si no lo haces, aquí quedan por si alguien te las hace llegar o para que de una maldita vez se reconozca a los buenos músicos de este país. Ya sabes, las cosas hay que empezarlas por el principio y seguir y seguir hasta llegar al final, como Alicia en el País de las Maravillas. Lo habremos conseguido?
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Pascual Roel es periodista y colaborador de opinión en POPES80.com
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