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Ramoncín
Pascual Roel   |   20/09/2011
¡Qué tontería! Ramoncín nunca ha dejado el rock and roll.
¡Qué tontería! Ramoncín nunca ha dejado el rock and roll. Más allá de sus diferentes actividades profesionales y de su visibilidad pública, Ramoncín nunca ha dejado de ser un músico. Ha pensado como un músico, ha vestido como un rockero, ha hablado como un gran autor y ha estado tocando (últimamente menos) durante más de 30 años. Ahora, después de una pequeña aventura de "covers", nos llega en "Cuando el diablo canta" (EMI, 2011) muchos años después de "Miedo a soñar" (PICAP, 1998, cuyo libreto tenía una "intro" escrita por Teddy Bautista). Ambos trabajos tienen en común la solvente producción de Ramoncín (antes con Basilio "nómada" Montes y ahora con Luis Bautista y Manolo Galones -técnico de sonido de Ramoncín desde hace años-), una lírica más sofisticada y menos a ras de suelo que en anteriores trabajos y la buena costumbre de incluir canciones de siete minutos. En este último trabajo hay dos "10 segundos" y "mandan los lobos". Para esta ocasión Ramoncín ha contado con Óscar Castelló (guitarra, slide, coros), Paco Avilés (guitarra, bajo, coros), Manuel Silva (guitarra, dobro, coros), David Castelló (batería, percusión), Juan Carlos Álvarez "pelos" (bajo), José Miguel Sastrón (piano, teclados), y otras ayudas menores. Algunos de ellos como Oscar Castelló o Juan Carlos Álvarez llevan tocando con Ramoncín desde hace años. El sonido ha quedado, desde luego, muy preciosista, muy matizado, muy estilizado, muy sucio cuando hace falta, muy limpio cuando se requiere, muy punk por momentos, muy americano en otros y siempre rock and roll.

El nuevo disco contiene una canción que pasará a la historia de la música española que se titula "el cuchillo y la herida". Una obra maestra que nos lleva a uno de los temas mejores del disco y de toda la discografía de Ramoncín. Que haya sido capaz de componer una joya así demuestra que Ramoncín está en pleno rendimiento creativo tanto intelectual como musical. Y también pone de manifiesto que la disminución del ritmo creativo le ha sentado bien a Ramoncín. El parón que ejecutó el compositor madrileño a principios de los 90 tras sacar uno de los mejores directos de toda la historia del rock español "Al Límite. Vivo y salvaje" (BMG 1990) se ha vuelto ahora a su favor. Precisamente ese disco, grabado en The Town House (Londres) y producido por Vic Coppersmith significó un gran número ventas (llegó a disco de oro en poco tiempo). Un sonido sostenido en las guitarras de Antonio "Zurdo" Molina, Basilio Montes y Max Sunyer y una batería contundente y excelentemente pausada por Luis "Muecas" García, acompañado al bajo por Luis Escribano. Sin olvidarnos de aquellos teclados de Richi Fuentes en "Como un susurro" que nos desplazan a vivir el momento personal: aquellos paseos por Tui hablando de la única música "decente" que se hacía en aquel momento no los puedo desactivar de esa canción. "Como un susurro" es una de las canciones más emocionantes de Ramoncín y del rock español. "Quiero ver lo que tu ves y tocar lo que tu tocas/ Acariciar toda tu piel/ y tenerte en mi boca..." cantando por el público en ese disco llega muy adentro a todo aquel que tenga un mínimo de sensibilidad emocioal. Igual que la armónica de "Hormigón, mujeres y alcohol". Y aquella performance exquisita de Putney Bridge. Son momentos congelados en esa grabación que ya son parte de nuestra propia historia individual y colectiva. Volviendo al disco recién estrenado. No deja de sorprender la lírica y esos teclados de "Sombras y sueños", esas guitarras crudas de "quemando puentes" y la estupendo voz de Ramoncín en "La punta de la aguja" y la lección de producción que podemos escuchar en "Manda los lobos" o ese sonido más garaje de "La canción del diablo". Y todo con esa superbanda que esperemos disfrutar en directo. Siempre los conciertos de Ramoncín han sido punto y aparte. Dos guitarristas, un bajo, un saxo, teclados, coros han ido interpretando y acompañado a Ramoncín durante años. La estética es demoledora y el sonido siempre cuidado y preciosista, buscando todas sus influencias y sus gustos pero también dejando hacer a todo el mundo. El directo de Ramoncín siempre ha valido muchos quilates.

Ramoncín ha hecho toda su carrera con ideas propias. Fue uno de los grandes impulsores de la música en la transición y trataron de aplastarlo, como a muchos otros (Burning, Leño, Obús...), con la llamada Movida madrileña, pero sobrevivió triunfando a base de buenas canciones, ingenio, y mucha carretera. Con un pequeño bache en el disco editado en 1985 titulado "Como el fuego" (EMI), pero recuperado en los dos siguientes discos gracias a la citada "Como un susurro" en "La vida en el filo" y "¡Ayúdame! no soy un héroe" en "fe ciega"(EMI, 1988).En los 90 sorteó bien todo aquel impulso indie hasta que decidió tomar otros rumbos y dedicarse a otras actividades artísticas (tv, cine) y otras relacionadas con la gestión de los derechos de autor, en la que se vio envuelto en toda una serie de batallas de ideas que no influyeron significativa en su carrera musical. Tampoco nos tenemos que olvidar del Ramoncín escritor e investigador de la lengua. Porque Ramoncín tiene una característica importante: es una persona que sabe hablar y comunicar y no deja indiferente, algo que ya conocemos en él desde el principio. También conocemos su magnífica voz que le llevó a destacar en aquel homenaje en vida a Antonio Vega (el auténtico homenaje y no esa "cosa" que salió el curso pasado) con la canción "No se acaban las calles", magníficamente interpretada y cantada, así como otras colaboraciones como la de Loquillo en su segundo disco en directo.

Ramoncín ha sido algo más que un músico y eso no ha sido bien digerido por los medios musicales, acostumbrados a transcribir monótonas entrevistas y a tener a los grupos a su servicio y manosearlos a su antojo. El apoyo de mucha prensa musical a algunos grupos se disuelve con gran facilidad dependiendo de modas, enfados personales o cambios de humor en las editoriales. En otro sentido, en los otros medios (no musicales), es visto con desconfianza al ser un músico que sabe hablar. Ramoncín siempre ha sido consciente del valor de las ideas y de que los conceptos importan. Esa circunstancia lo ha llevado a un "no lugar" que le ha beneficiado en ocasiones y otras, sin embargo, le ha perjudicado. Manejar ideas lleva a posicionarse, a tomar partido, a comprometerse, a ser leído, a ser pensado e interpretado. Ramoncín, como Loquillo y otros pocos, son de una caracterización extraña dentro del gremio: es interesante leerlos, escucharlos, mirarlos. Siempre tienen una idea, un rasgo estético, una palabra que te hace pensar.

Con ese bagaje entendemos lo que Loquillo denomina algo importante como "de primero de estrella de Rock" que es crear un personaje. Ramoncín creó desde el principio un personaje, que creció y creció y se escapó del Ramoncín compositor y músico y tomó vida propia tanto en la política, como en los medios de comunicación, como en el mundillo más intelectual. Durante esos primeros 8 discos el personaje estuvo muy integrado y era "retenido" por una gran actividad musical. Después del disco en vivo de 1990, Ramoncín decide, agotado, crear un espacio de reposo. Ese momento es aprovechado por el personaje para seguir escalando peldaños y llevar a Ramoncín a una sobreexposición mediática como resultado de actividades de gestión, en la que el personaje, que recoge del Ramoncín persona sus ideas y conceptos, desarrolla un discurso blindado y muy rocoso en defensa de una causa. Pero en todo ese proceso el Ramoncín artista (músico, poeta, actor, escritor) nunca ha dejado de existir, como hemos señalado más arriba, hasta que en el 2007 decide reconducir el personaje. Y desde la libertad nos canta ahora sus nuevas canciones y sus nuevas letras. Con lo que Ramoncín no sólo es un ejemplo en lo musical para muchos aficionados, si no que merece un gran respeto como autor, si no que también es un gran ejemplo como "modelador" de personajes y egos. La vuelta de Ramoncín está siendo muy bien celebrada por la crítica y el disco ha tenido muy buenas consideraciones, como no podía ser de otra forma. Independientemente de esto, Ramoncín es un gran compositor, un gran cantante, un magnífico personaje y un excelente líder. ¿Significa esto que tengamos que juzgar a Ramoncín más allá de lo musical? ¿Debemos de olvidarnos de todo lo ocurrido en los últimos años con la gestora de derechos de autor? Es complicado separar el Ramoncín público del músico. Todos están unidos y forman parte de la misma persona; incluso el propio personaje. Pero la respuesta es sí: disfrutemos de su música, des sus composiciones y de su pose. Y mientras, Ramoncín, nos preparamos para el directo, ¿no?, aunque algunos siempre busquen una excusa, un rebusque, una explicación...
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Pascual Roel es periodista y colaborador de POPES80.com
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