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El adiós de un mito del rock patrio
Francisco Reina   |   23/09/2011
Miguel Ríos se despidió de los escenarios españoles con un doble concierto en Sevilla.
Hay quien lo considera el padre del rock patrio, es, sin duda, uno de los pioneros, un mito que se despidió de los escenarios españoles el pasado fin de semana, con un doble concierto, en Sevilla. Ponía, así, fin a una gira de despedida que se iniciaba hace justo un año en su tierra, Granada. No obstante, también tiene previsto despedirse de sus seguidores hispanoamericanos, con México como primera parada.

El equivalente hispano a Johnny Hallyday, en Francia, o a Adriano Celentano, en Italia, ofreció el pasado viernes (penúltimo concierto de la gira) una actuación de dos horas y media, en la que no se notaron sus sesenta y siete primaveras, salvo por el cansancio que se reflejaba en su rostro en el último tramo del concierto. Por lo demás, ya quisieran muchos jóvenes tener su actitud y su oficio sobre las tablas. Derrochó simpatía y savoire faire.

Bajo los acordes funky del instrumental Los marginados del rock, inició su repaso a toda su trayectoria, curiosamente, por el final, con un tema de su último disco, Memorias de la carretera, que enlazó con clásicos de su repertorio, como Bienvenidos, Generación límite y Antinuclear, toda una declaración de intenciones en sintonía con el lema de su gira: 'Rock hasta el final'. Varios miles de seguidores de distintas generaciones vibraban con su ídolo.

Hubo momentos para el blues profundo y sentido (En el ángulo muerto, de José Ignacio Lapido, que dedicó a los parados; y Cosas que debo a Madrid, su homenaje a la ciudad que lo acogió), el soul (El ruido de fondo y Yo sólo soy un hombre) y para el rock melódico (El río). Tras este tema, el granadino aplaudió al público. Visiblemente emocionado, se olvidó en varias ocasiones de las letras. Ataviado con su sempiterna chupa de cuero, no se olvidó de su patria chica, con Vuelvo a Granada, ni de su hija Lúa, que le inspiró la composición de No estás sola, que dedicó a las mujeres maltratadas.

Mención especial merece la banda, tremendamente compacta, que le acompañaba, con nombres ilustres como los del productor Carlos Narea, a la percusión, José Nortes, a la guitarra, o Luis Prado (Señor Mostaza), a los teclados, sin olvidar a la brillante sección de metales (trompeta y saxo), que daba el empaque requerido a determinados temas.

Después de dos horas menos cuarto de actuación, un pequeño alto y el primer bis: Todo a pulmón, El blues del autobús y Santa Lucía, himno imperecedero. En el segundo bis, tras Rocanrol bumerang, se permitió brindar su particular homenaje a Moris (Sábado a la noche), Burning (Mueve tus caderas) y Leño (Maneras de vivir); y tocó el estupendo himno pergeñado para esta gira de despedida, Bye, bye Rios. Pero, aún faltaba la guinda: El himno de la alegría, que le aupó en su día al número uno de las listas americanas. Apoteósico.
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Miguel Ríos en un instante del concierto en Sevilla.
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