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Te llames como te llames
Itxu Díaz   |   28/11/2011
No hay ni una gota, ni una nota, de impostura entre tanta belleza, entre tanta certeza.
Conocí a César Pop en una noche imprecisa. Madrid titila entre la penumbra y a veces, las sombras difuminan el vaho de la madrugada. Lo encontré junto a un piano, y más tarde supe que era el único lugar donde podría encontrarlo. Cantaba canciones de Quique González, Le Punk, Deluxe, y Los Secretos, y las botellas de cerveza rodaban de felicidad por el suelo del bar. Bebimos cada emoción, rozamos el llanto con sus versiones, y nos tomamos la matrícula antes de despedirnos. Y como corresponde a dos caballeros, ambos perdimos nuestros números de teléfono esa misma noche, antes de llegar a casa.

Pasadas varias lunas, no lograba deshacer en mi cabeza el recuerdo de aquella forma de golpear las teclas y cantar, aquel brillo especial en la noche. Así, me senté a escribirlo, de nuevo penumbra, bajo el título César, el pianista –todavía puede leerse aquí-. Un artículo escrito de corazón, entretejido como quien dedica un libro a contar como se derrite la cera de una vela.

Como mensaje en botella flotando en altamar, mi columna llegó a su orilla. Una orilla en la que, no por casualidad, también estaba Quique González, que sí tenía mi matrícula. Y así fue como me llamó a través de Quique, una tarde de domingo espesa, para darme las gracias, con voz de haber cantado muchas rancheras en las últimas doce horas. Fue una sorpresa y una alegría, porque –todo hay que decirlo- los artistas tienen otras muchas virtudes, pero rara vez levantan el teléfono para dar las gracias. En realidad, rara vez levantan el teléfono. Y si hay algún artista con quien quería volver a cruzarme por casualidad era precisamente César Pop.

Han llovido cuatro eternos años y tengo en mis manos 'Te llames como te llames', el primer disco de César Pop. El primer disco, como tal, porque sus teclas, sus arreglos, sus voces y sus letras, figuran en muchos otros. César Pop ha vivido en un brillante segundo plano, al menos durante la última década, en un limbo en el que flotan y reparten su buen hacer otros, como Juan de Dios, o como Leiva, la mitad de Pereza, que tantas veces se ha hecho el segundón para aportar un poco de su magia en el disco de un amigo. César Pop ha estado viviendo así, al piano. De noche. Por la música. Así, imagino, entre las gafas de rock y la luz del día, ha compuesto las diez canciones de su debut. Y se nota, porque huelen a todo lo que siempre encuentro cuando me asomo por el viejo café-teatro, muy de tarde en tarde. Son canciones y son la vida, como es. Cercana y cruel. Feliz y traicionera. Ávida.

No hay ni una gota, ni una nota, de impostura entre tanta belleza, entre tanta certeza. Desde La próxima montaña hasta Veranillo de San Miguel, todo es de oro. No logro separar nada, distinguir algo del montón, disculpar algo de relleno. Lo que queda, bébanlo en un estribillo a la hora de las dudas: “La bueno fue un momento / ahora me cuesta dormir / nadie me advirtió de esto / el día que te conocí”. La próxima montaña, escúchenla frente a los fotos de “los veranos largos de los amores breves”. Para Toni2, café teatro, inviten a los amigos de verdad, y en Te llames como te llames, apuesten por sobrevivir a los recuerdos y aférrense a las promesas: “Ahora espero que no me agote este Madrid / que tengas tiempo para pasarte por aquí / te llames como te llames”.

Llevo diez años arrepintiéndome de haber escrito que 'Salitre 48' de Quique González era un “gran disco”, como si ese estúpido comentario hiciera justicia a una colección tan inmensa de canciones. Esta vez no quiero cometer el mismo error. 'Te llames como te llames' es un disco imprescindible. Es, aléjenme de los tópicos, el disco del año. La irrupción al primer plano de uno de los grandes del pop español, que gana en la cercanía de un piano, en el silencio de un café teatro, en el directo. Sé que dentro de poco tiempo volveré a escribir de todo esto, canción a canción, pero algo me ardía por dentro guardándome estos diez temas durante tantos días. Así, lo mejor que puedo hacer es venir a esta Costa y confesar el secreto. Saldar la deuda de los buenos ratos que me está haciendo pasar.

Hay algo de Quique González en César Pop. Y algo de César Pop en Quique González. Y no es extraño leyendo lo que César le escribe a Quique en los créditos del disco: “has creído en mis canciones antes que yo”. Pero todas las comparaciones son odiosas, incluso las que intentan halagar a ambas partes. Quizá por eso querría hoy escribir algo preciso, que suene como un disparo en el silencio de las primeras luces del alba, que suene a hallazgo, a aventura, a piano-bar, a desamor, a imágenes en sepia, a todo, a todo lo que suena el disco de César Pop, y no me atrevo, porque es demasiado grande el reto como para competir con la altura de sus canciones.
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