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Avance en exclusiva: Primer capítulo de "Yo maté a un gurú de Internet" de Itxu Díaz
Redacción Popes80.com   |   10/05/2012
Ofrecemos hoy a los lectores el primer capítulo del nuevo libro de humor del director de POPES80.com.
YO MATÉ A UN GURÚ DE INTERNET (CUANDO TRATABA DE EXPLICARME CÓMO PROGRAMAR LA LAVADORA)
de Itxu Díaz

Introducción
Cuando fui obsequiado con una aspiradora automática, jamás valoré dónde me estaba metiendo. Nunca imaginé que soltarla en el salón podría sembrar el pánico en mi hogar, transformar en tragedia cada pequeño problema doméstico, y destruir la economía familiar. Un simple enchufe descolgado de la pared es una pequeña chapuza pendiente en casa. Nada peligroso. Nada urgente. Pero en manos de una aspiradora automática hambrienta, en unos pocos segundos, ese pequeño apaño pendiente se convierte en un cóctel pirotécnico capaz de hacer saltar por los aires todo el edificio. En la tienda me garantizaron que se trata de la aspiradora que mejor aspira el polvo de todo el mercado. Y es verdad. El único problema es que la aspiradora no sabe lo que es el polvo.

Hasta hace poco nos reíamos de nuestros mayores cuando rumiaban que los aparatos de ahora no son como los de antes. Y ahora nos sorprendemos a nosotros mismos pronunciando esas mismas palabras en cualquier situación. Todo está cambiando demasiado rápido. Todo está cambiando demasiado. Todo está cambiando. Esa es la verdadera tragedia. Cada vez vivimos más. Cada vez vivimos demasiado. Cada vez nos sentimos más inútiles frente a las nuevas tecnologías. Particularmente, me resigno a vivir frustrado por culpa de un amasijo irracional de cables con el que ni siquiera se puede discutir.

Es la hora de la verdad. Es la hora de desenmascarar los avances tecnológicos que invaden nuestra casa. Es tiempo de deleitarse descubriendo las funciones de esos electrodomésticos que antaño eran sosos y aburridos, y que ahora ofrecen más posibilidades que el cuadro de mandos de un submarino nuclear. Aunque sólo sea para conocer sus puntos débiles y poder demostrarles de una vez por todo quién manda en su casa.

1. El estallido tecnológico

El siglo XXI
La mayoría de los lectores no habrán oído hablar de la Decimoquinta Revolución Industrial. Tranquilícese. El autor tampoco. No estaba en nuestros libros de texto. Y si estaba, figuraba en esa parte final que nadie lee. Sea como sea, el siglo XXI es el siglo del fracaso de todas las revoluciones, y eso incluye también a las revoluciones industriales.

La gran diferencia entre las anteriores explosiones tecnológicas y la actual, es que la de ahora es científicamente incomprensible para la mayoría del planeta. La máquina de vapor es un ingenio muy oportuno, fruto de una mente inteligente, pero cualquiera puede comprender su funcionamiento. En cambio, el mecanismo de los móviles de tercera generación, la codificación de páginas web en PHP, y los fundamentos de una red inalámbrica doméstica son cosas sencillamente inalcanzables para el intelecto humano.

El mundo electrónico
El siglo comenzó con el llamado efecto 2000. Según pronosticaron los expertos, al comenzar el siglo XXI los ordenadores de todo el mundo se colapsarían y las consecuencias serían terribles: cortes de luz, ascensores bloqueados, semáforos estropeados, vientos huracanados, plagas, hambre, miseria y, finalmente, muerte.

En España, Álvarez Cascos, entonces vicepresidente del Gobierno, pasó la Nochevieja del efecto 2000 encerrado en el búnker de La Moncloa. Ahora puede parecer ridículo, pero entonces los apocalípticos tenían más predicamento, y habían logrado meternos el miedo en el cuerpo. Un miedo real.

Por fortuna los expertos se equivocaron y el efecto 2000 no provocó nada de eso. A las doce y un segundo casi todos los ordenadores continuaron funcionando correctamente, dentro de lo posible en lo que es un estúpido aparato electrónico. La mayor parte de los ciudadanos no se enteraron de nada, porque estaban en la Puerta del Sol, bailando, y bebiendo demasiado champán como para estar pendientes de si se acaba el mundo o no, que al fin y al cabo es un asunto menor en comparación con una buena juerga de Nochevieja.

Gran colisionador de hadrones
Tal vez no haya oído hablar de este artefacto todavía. Preste mucha atención. Se trata de un acelerador de partículas. Quizá no sepa lo que es un acelerador de partículas. Preste más atención aún. Eso ahora es lo de menos. Lo importante, lo que debe saber, es que un trasto gigantesco está instalado entre Francia y Suiza, construido por la Organización Europea para la Investigación Nuclear, con objeto de hacer saltar por los aires el mundo entero y parte del Universo. Los científicos implicados en este proyecto han tranquilizado a la población diciendo que su máquina sólo pretende simular el Big Bang “a escala subatómica”. Y desde entonces, todos estamos mucho más tranquilos.

Entre los posibles efectos secundarios de la puesta en marcha del colisionador se encuentran la formación de un agujero negro, la aparición de una materia extraña supermasiva, o la transición a un estado de vacío cuántico. La formación de un agujero negro provocaría el efecto desagüe en todo el planeta Tierra. Al principio de la caída, todo es como un gran parque acuático, pero el final no resulta tan divertido. La aparición de una materia extraña supermasiva significaría la invasión de una materia muy extraña y muy masiva, como su propio nombre indica. Por último, la transición a un estado de vacío cuántico no sé con exactitud lo que es, pero es obvio que no suena demasiado alentador para el futuro de nuestra especie.

Los cinco experimentos más peligrosos de la historia
1. Gran Colisionador de Hadrones.
2. Eliminación de la gravedad en la Tierra.
3. Desvío de la trayectoria de un cometa.
4. Carreras de Fórmula 1 a la gallinita ciega.
5. Banca electrónica.

El gran estallido
En sólo unas décadas, hemos pasado de las interminables enciclopedias a Internet, de la escoba y la fregona al aspirador, de las antiguas salas de vídeo al mundo multimedia, de vivir permanentemente aislados a hacerlo conectados por el teléfono móvil. Todo un estallido tecnológico que ha cambiado nuestra vida y nuestros hábitos, y que hace que las cosas más importantes del mundo dependan sólo de unos cuantos sabios, un puñado de cables, y una élite de gobernantes.

Crea en todas las conspiraciones.

Fundamentos del estallido
El siglo XXI es el siglo de la urgencia. Los científicos investigan con tanta prisa que en muchas ocasiones no saben lo que buscan, ni para qué lo buscan. Algunos nuevos inventos llegan para hacerle la vida más fácil, como respuesta a una carencia previa, pero la mayoría llegan para hacerle la vida más difícil, solucionando un problema que usted no tenía.

El fundamento principal de la investigación científica moderna es, por tanto, inventar lo que sea y hacerlo cuanto antes. Esa es la razón por la que usted tiene en su trastero un rizador de papel de fumar automático, tres botellas de agua retroiluminadas, y un martillo hidráulico doméstico aún sin desembalar. Déjelo sin desembalar. Mi primera visita al podólogo fue por desembalar uno de esos chismes.

Además de que las empresas de nuevas tecnologías inventan cosas que nadie demanda, lo que caracteriza nuestros días es la capacidad que tienen para hacernos creer que son fundamentales para el normal desarrollo de nuestras vidas. Nos bombardean siempre con el mismo lema. Si no estás en Internet, no existes. Si no estás en Facebook, no existes. Si no tienes móvil, no existes. Si no tienes bluetooth en el coche, no existes. Si no eres gilipollas, no existes. Y para colmo, olvidan lo único realmente importante: si no estás en Twitter, no existes.

Otro de los fundamentos del estallido consiste en eliminar al hombre como único protagonista de los avances tecnológicos. Ahora además del hombre, es necesario pensar también en la naturaleza, en los animales, en el planeta, y respetar las durísimas legislaciones en cada continente, en cada país, en cada región, en cada ciudad, en cada barrio y en cada comunidad de vecinos. Por eso, aquel invento que realmente iba a cambiar su vida, una vez que logra pasar por todos estos filtros, recortando en cada uno de ellos sus funciones, emisiones y características esenciales, se convierte en un cachivache descafeinado que poco o nada aportará a su bienestar personal.

Con cabeza
La mejor forma de afrontar la tecnologización de su hogar es hacerlo con cabeza. Con cabeza. Cualquier aparato se sentirá lo suficientemente intimidado si usted demuestra quién manda desde el primer día atizándole un cabezazo de bienvenida. Si prefiere una tecnologización serena y racional, para empezar, antes de comprar nada, piense que no necesita todo lo que tiene su vecino. Considere que muchos aparatos tienen un coste de mantenimiento. Tenga en cuenta que la mayor parte de las ofertas de electrodomésticos resultan engañosas. Sospeche de las lavadoras que valen 20 euros, de los hornos de cocina que cuestan menos de 10 euros, y de cualquier tipo de oferta de pulseras y collares milagrosos.

Tampoco se deje engatusar porque haya visto en televisión que un determinado artilugio funciona a la perfección. Recuerde que también ha visto en la tele La guerra de las galaxias y eso no significa que mañana pueda cruzarse por la calle con uno de esos extraterrestres. En realidad, es más fácil que se cruce con un extraterrestre, que conseguir que la fregona automática de 20 euros le deje su hogar impecable en menos de un cuarto de hora.

Sopese también que hay inventos incompatibles con su vivienda, o entre ellos mismos. Por ejemplo, el aspirador automático no funciona igual si tiene gato que si no lo tiene. Y el aspersor de agua para jardines quizá no le resulte demasiado práctico si lo que pretende es regar las plantas del salón.

También debe meditar siempre, antes de decidirse a convertir su hogar en una cárcel inteligente, qué ocurrirá si todos los aparatos se estropean a la vez. No es frecuente, pero en ocasiones sucede. Y en tal caso, hay que estar preparado para saber regresar a lo más rural del siglo XIX sin perder la calma. Eso no está al alcance de cualquiera.

Cualquier adolescente de hoy enloquecería si tuviera que cambiar las veinte horas diarias de Facebook por una tarde entera ordeñando vacas. Antes de empezar a extraer la leche, se pasaría dos horas dando vueltas al animal buscándole el maldito botón de encendido. Y, por supuesto, si la vaca decide golpearle con las patas traseras y romperle los dientes, pensará que los sistemas de seguridad del animal han fallado y que hay revisar su programación. Más tarde, si la vaca vuelve a patearle las narices, preso de la furia, la amenazará muy seriamente con dejar de ser su amigo en Facebook. Y si la vaca, impasible a la amenaza, decide volver a golpearle, el niño deseará con toda sus fuerzas volver al siglo XXI, al tetrabrik y a las tardes enteras surcando el cielo de todas las redes sociales.

***


Yo maté a un gurú de Internet • Itxu Díaz • Editorial Ciudadela • 978-84-15436-08-9 • 224 pags. • Marzo de 2012 • Humor, Ensayo.

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