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"El último hombre en la Tierra" de Coque Malla, canción a canción
Itxu Díaz   |   10/03/2016
Analizamos las 10 canciones del nuevo álbum, con los comentarios de Itxu Díaz
La señal
El último hombre en la Tierra está acompañado de un montón de ángeles. Creo que esa es la señal. Lo nuevo de Coque Malla se abre con una genialidad que sienta las bases para el que es, quizá, su disco en solitario más inspirado, más redondo, y más completo. Asoma en el estribillo esa danza genuina y teatral que hizo famosa en Los Ronaldos, y todo el corte se empapa de una melancolía mojada, de lluvia en carretera, porque La señal es sobre todo, una canción que avanza entre la tempestad, mientras saltan con desdén las alarmas: “Veo a las chicas suaves / caminar / y no siento nada / se repite la misma señal”.

Santo, santo
En lo más profundo del alma asoman las aspiraciones más genuinas, más puras. Allí se aloja esta canción, una oración desnuda, rockera, y sincera, al santo que la quiera escuchar. Tan rara como necesaria, en este tiempo de polvo y sangre, esto de dirigir a las alturas un plegaria de belleza circular en un álbum tan rock y tan folk, que salta del frío de las estrofas sin artificio al calor coral, con esa instrumentación tan suave y tan sutil que hace que este disco sea también, un regalo divino.

Lo hago por ti
Si buscas razones las puedes encontrar en este rock and roll. Coque Malla lo lleva a donde quiere sobre el aullido precioso de su voz, sin más prejuicio que la luz: “Robé las flores de los muertos / rompí el silencio en la catedral / hablé de duelos y de hazañas / unas mentira y otras verdad”.

El último hombre en la Tierra
Todo el arte grande y genuino que lleva escrito en los ojos se va desplegando lentamente en este tema, que encierra en su corazón varias piezas que se entrelazan: unas orquestales, de música clásica, superpuestas, pero que podrían sobrevivir solas, una poesía larga y feliz y triste y feliz otra vez, el pop capaz de resumir la sencillez en unos acordes alcanzables, y la sensación de que el último hombre sobre la Tierra ha sabido aprovechar mejor que nunca su propia ausencia.

Cachorro de león
Luz negra baja y una barra de blues, y unas palabras para ella. Coque Malla quiere hablarnos hoy de ella. Y nos cuenta su historia en un medio tiempo lleno de contraluces, para escuchar a oscuras y dejarse conmover por su película: “Ella vuelve a la ciudad, de niña quiso escapar a ver el mundo / pretendía atrapar el alma de la humanidad en un segundo”.

Escúchame
La clave del rock and rock clásico está en saber contener la marea del ruido y dejarla explotar en el momento preciso. Escúchame es una expectativa musical, un vilo, un descaro lleno de guiños, arreglos, voces, y genialidades, que se va extendiendo por la habitación a medida que gira. Y rompe en vientos extremos y realmente inspiradores. Son incontrolables las ganas de pedirse otra cerveza y seguir escuchando.

Me dejó marchar
Como un sueño, tan azul y tan lleno de bruma, atravesamos esta sutileza llena de equilibrios, pequeñas noches, y lamentos contenidos. “Yo ya no sé si hoy un hombre / ni por qué sigo aquí / no recuerdo bien mi nombre / y desde que la conocí / escucho el eco de su voz”. Ella se fue, como se nos escapan entre los dedos los acordes y las palabras de una de esas canciones que, cuando terminas de escucharlas, siguen sangrando lentamente.

Todo el mundo arde
La canción más pegada a tierra, la más actual, la que más abraza el calendario, le prende fuego. Coque Malla acude a la cultura musical de los viejos maestros de la cuna del rock, para despedazar la actualidad a la manera de un poeta, con una navaja que pinta, y un mensaje para los que quieren echarse al suelo: “no te rindas, no te vayas / es tu vida, es tu alma”.

Pétalos, sonrisas y desastres
Vuelve la hora de la belleza. Coque Malla se acerca a sus tesoros a pecho descubierto, en una de las canciones más reconfortantes de este álbum. “Todavía no te entiendo bien, pero qué más da / siempre es como la primera vez, vuelves a empezar”. Y qué, si él nos da la solución a las cosas del vivir, con esas manos a las que tú sabes que podemos agarrarnos: “Pétalos, sonrisas y desastres, mil problemas y una solución”.

El cambio interior
El gran circo que somos, con nuestros espejos abriendo los ojos a todo lo que en realidad somos, para bien o para mal, queda trazado con ingenio y claridad en esta letra. Que nos despierta del letargo de nuestras profundas convicciones y, por qué no, nos saca una extraña sonrisa de inferioridad, que nos sienta estupendamente, para completar este viaje tan completo que nos propone Coque Malla.

Duerme
Pero llega la calma. Hemos recorrido miradas, corazones, propios y ajenos, hemos viajado al presente, hemos caminado por el futuro, hemos arañado el cielo de lo frívolo y las entrañas de lo más profundo del hombre, hemos visto el sol y las peores tormentas. Lo hemos sentido y todo y es hora de dormir. Por eso Coque Malla desliza esta nana como cierre. Porque –estoy seguro de que el tiempo lo dirá- El último hombre sobre la Tierra es un disco para soñar.
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