Kill your idols
Charlie Arnaiz.
12/07/2010
Corrían los 90 cuando la delgada figura de Axel Rose recorría los escenarios con sus apretadas mayas y su camiseta de “Kill your idols”. Casi veinte años más tarde, son cada vez menos los ídolos que mueren de éxito, de sobredósis o en manos de tarados con un acusado síndrome de eróstrato. Hoy, los ídolos se ahogan lentamente en mares de ego, en manos del marketing, presionados por el ancla al cuello del egoismo…
Hace pocos días ví en televisión una entrevista a los sexagenarios Kiss. La verdad es que ver a cuatro abuelos maquillados como puertas y enseñando sus carnes flácidas me hizo recapacitar...
Ahora os presento a Rayito. Él es el payaso con la cara más triste que he visto. Todos los días recorre las calles próximas al Corte Inglés de Goya pidiendo dinero para mantener a su familia. Cuando paso por su lado sólo puedo imaginarlo todas las mañanas preparándose frente al espejo y dibujando su sonrisa tatuada de carmín. Esa es la forma en la que Rayito esconde la pena de cambiar las risas de los niños por la cruel indiferencia de los viandantes. También es la forma de poner buena cara al mal tiempo y de burlarse de más de un pijo peripuesto del Barrio de Salamanca.
Pensándolo bien, los Kiss de ahora no están demasiado lejos de Rayito. Ambos disfrazan el paso del tiempo y su dignidad por dinero. La única variante es que a uno le sirve para pagar el alquiler y alimentar a su familia, mientras que los otros ponen un cero más en su cuenta del banco y consiguen alimentar su ego.
Aquel día, a sólo 500 metros de distancia, Rayito pedía en la puerta del Corte Inglés y los Kiss se preparaban para salir al escenario ante el griterío de sus jóvenes fans en el Palacio de los Deportes.
Kill your idols. Ese es el peligro de ciertos idolos de la música. Que, si no son listos y saben envejecer con dignidad, pueden acabar siendo una caricatura de sí mismos. Eso es uno de los peligros que conlleva una profesión que obliga a vivir deprisa, a no perder la forma mediática, a mantenerse siempre en el candelabro sofiomazagático…
Cuando veo en los Telediarios a Gene Simmons sacando su larga lengua no puedo más que imaginarme a un doctor delante de él explorándo sus amígdalas.
En algunos casos, la muerte puede ser el mejor pasaporte a la leyenda. “Vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadaver”, que diría James Dean. Y que tus herederos lo disfruten con salud.
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