El piquete
Itxu Díaz.
14/12/2009
Cuando me enredan en algún debate sobre la SGAE y empiezo a exponer mis argumentos, siempre hay algún merluzo dispuesto a acusarme de que estoy en contra de nuestros artistas. Y con frecuencia digo, si merece la pena el merluzo, que llevo unos diez años trabajando con empeño en la difusión y promoción de la música española. Todos los días. Y lo digo, no porque quede bien en el debate, sino porque es verdad, y porque así evito acusaciones estúpidas. Es a lo que nos dedicamos aquí, en POPES80.com: a contar lo que sucede en la música española y a recomendar buenas canciones. Y, después, opinamos lo que nos da la gana. Porque lo hemos hecho siempre y es lo que esperan de nosotros los miles de lectores que pasan por aquí cada día.
Víctor Manuel pertenece a esa clase de artistas españoles que ha decidido dedicar su vida a poner la causa política por delante de la artística. A mi juicio, se trata de una opción disparatada y suicida, pero mi juicio importa poco porque la opción es suya y no mía. Los resultados musicales y políticos ahí los tienen. Ambos. Pueden juzgarlos si se aburren.
En los últimos días le han hecho una entrevista en La Opinión de Málaga. Les recomiendo su lectura. Se encontrarán con la caricatura de lo que un día fue un cantante de cierto prestigio. Verán a un tipo venido a menos, desactualizado, perdido, desnortado, que pasa el rato pontificando sandeces sobre Internet, la tecnología, las nuevas generaciones y el compromiso social con la música. Incapaz de plantear un debate serio, sin ninguna voluntad de reflexionar sobre la situación, ni de respetar las condiciones de los nuevos tiempos.
Victor Manuel, sobre Internet y la descarga de canciones:
“A mí [me afecta] menos porque yo estoy de vuelta. Pero es un problema para la gente más joven. Lo que no saben los que se descargan música gratuitamente es que lo que están haciendo es matar a sus artistas. A mí no me toca un pelo, pero a los artistas suyos sí. La gente ya sabe que de esto no se vive sino que la música es algo para los fines de semana y que de lunes a viernes hay que trabajar en un banco o dónde sea. La precariedad entre los jóvenes músicos es extrema. Ya han interiorizado que de la música no se puede vivir, y eso es muy jodido. Hay toda una generación perdida en este sentido”.
Jodido es, Víctor, un rato largo, lo que dices. Y en efecto, hay una generación perdida. Pero no es la nuestra. La generación perdida es la que se niega a aceptar el descubrimiento de la rueda y prefiere quedarse en el paleolítico, con tal de salvar sus lentejas y sobrevivir artificialmente unos añitos más. La generación perdida es la que se resiste a aceptar que los tiempos han cambiado. Lo que no es capaz de comprender Víctor Manuel es que hay que actualizarse, redefinirse, y reinventar el negocio. Y sólo el negocio, porque la música ni ha estado en peligro, ni ha muerto nunca, ni morirá jamás. Quienes pregonan lo contrario, sencillamente, mienten.
Hay un punto de la entrevista en el que el veterano artista se corona y se muestra en todo su esplendor. Me refiero a cuando saca a pasear al piquete minero que lleva dentro: “Si fuésemos otro tipo de gente en el mundo de la música, estaríamos cortando las calles y quemando ruedas”… Da en el clavo, porque eso es exactamente lo que les faltaba a los artistas: cortar calles y quemar ruedas. Lo que no entiendo es cómo no se nos había ocurrido antes.
Por último, destacaré que Víctor Manuel también insinúa que la “canción protesta” está desapareciendo. Y eso sí me parece una tragedia nacional. Es algo que particularmente me impide conciliar el sueño desde hace meses. Así lo expone el asturiano:
“Lo que pasa es que raramente se escuchará una canción de ese tipo [canción protesta] en la radio, como sí ocurría hace 35 años. No salen en la radio ni en la televisión y parecen que están desaparecidos”.
Totalmente de acuerdo. La lenta extinción de la “canción protesta” en España es una desgracia de increíbles dimensiones sólo comparable a la deforestación del Amazonas, al tsunami que sufrió Alaska en 1959, o al devastador terremoto de San Francisco y el posterior incendio que calcinó las ruinas de la ciudad. Creo no quedarme corto si afirmo que la desaparición de la figura del cantautor coñazo es, probablemente, el fin del mundo. Una debacle.
En fin. Yo sólo espero que la generación musical de nuestros queridos Loquillo, Jaime Urrutia, Álvaro Urquijo, Santiago Auserón y compañía envejezca un poquito mejor que la de Víctor y Ana.
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