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Francisco
Reina/Redacc. Popes80
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Luz
Casal |
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Crónica del concierto que ofreció Luz Casal en Tomares el pasado domingo
22 de mayo
Luna
llena en Tomares. La gran dama del pop rock patrio hace su aparición. Los
jardines de la Hacienda Santa Ana acogen el concierto de Luz
Casal, enmarcado en el III Festival de las Artes de la citada
localidad sevillana.
Divide
su recital en dos partes claramente diferenciadas. Durante la primera, más
intimista, en la que prescinde de la batería, y ante un público sentado,
desgrana algunos clásicos de su repertorio (No
me importa nada, Piensa en mí…)
Luz se muestra muy cercana y comunicativa. Destila humildad y
elegancia a partes iguales. Parafraseando al reconocido psiquiatra Luis
Rojas Marcos, los más grandes suelen ser los más humildes.
El
segundo acto, tras un receso de quince minutos, nos devuelve a la cantante
gallega en su vertiente más rockera, coherente con sus orígenes (en los
80, cuando se fue de gira con Leño
y fue telonera de Miguel Ríos).
Rufino, tema que le dio a conocer al gran público, y Loca,
entre otras, encandilaron a los asistentes, que abandonaron súbitamente
sus asientos para vivir más intensamente las canciones que, con voz
profunda y desgarrada, interpretaba Luz.
Cuando el público estaba totalmente entregado, se hizo de nuevo el
silencio. Consultó incluso si era el momento adecuado. Acto seguido,
entonó, con la aquiescencia de sus seguidores, su particular homenaje a
las víctimas del 11 de marzo (Ecos). Luego, proseguiría con otros temas de su nuevo álbum, Sencilla
alegría, como el que da título al disco, y el de apertura, Un
nuevo día brillará.
La
banda que acompañaba a Luz Casal
estuvo en todo momento a la altura de las circunstancias, liderada por un
inconmesurable Tino di Geraldo
a la batería y un maestro de la guitarra como John
Parsons, con sus punteos inverosímiles. Sonó como una máquina
perfectamente engrasada, como sólo pueden hacerlo estos virtuosos de su
instrumento.
La
generosidad de Luz quedó
patente al interpretar un tema compuesto por Quique
González para su último disco, Al
vuelo. No escatimó elogios para el talentoso músico que descubriera
el malogrado Enrique Urquijo.
Otro
de los momentos más emotivos de la noche fue cuando cantó la
estremecedora Negra sombra, que grabara en 1996 junto a Carlos Núñez y Ry Cooder, y
que ha incluido en su último disco, así como en la banda sonora de Mar
adentro, la oscarizada cinta de Alejandro Amenábar.
Fue
una noche de luna llena, con la gran dama del pop rock patrio en plena
etapa de madurez creativa y musical. Dos horas de plenitud.
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