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Arancha Moreno/Redacc. Popes80
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Arancha Moreno, subdirectora de POPES80.com, con
Hombres G y el productor Carlos Jean |
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Nota de la R.:
POPES80.com publica hoy
en primicia esta nueva versión -más íntima y con otros puntos de vista y otros
datos- del reportaje "Un día en el estudio con los Hombres G" que el lunes
pasado
publicó en exclusiva El Confidencial Musical. Este nuevo reportaje se
complementa con una breve entrevista a Javi Molina
que emitirá el
programa POPES80 FM en la tarde hoy.
“¿Arancha?
Soy Dani Mezquita. ¿Qué tal te viene mañana a las 11?”. “Me viene
estupendo, ¿dónde quedamos?”. “¿Sabes donde están los estudios Red Led?”.
No lo sabía y lo investigué. Mateo López, cerca de O´Donell. Allí me planté,
callejeando con mi mapa cual turista, hasta que lo encontré. Se trataba de una
pequeña puerta gris, junto a otra más grande, como de un garaje. “Hola...
Vengo a entrevistar a Hombres G”. No era exactamente así, iba a hacer
un reportaje para contar cómo se vivía un día de estudio con David Summers,
Dani Mezquita, Javi Molina y Rafa Gutiérrez. Todo un privilegio y un reto.
Diez y
cincuenta y ocho. Me asombro de mi puntualidad. Marta Sánchez me abre la puerta.
No, no la cantante; es una chica que trabaja en la administración del Red Led.
Me hizo pasar y me pidió que esperase un momento. Me quedé en mitad de la
estancia, junto a una mesa con el fondo lleno de piedras y unas sillas como de
consulta de médico. Recorrí con la vista la amplia sala, y reparé en unos
muñecos músicos, de esos que hacen en miniatura, cada uno tocando un
instrumento. Me recordó a los Beatles, aunque no eran ellos.
En eso
estaba cuando apareció Rafa. Llevaba gafas de ver, una camiseta oscura y unos
vaqueros piratas con deportivas. “Pues ahora estoy yo solo... Dani estará a
punto de llegar, pero creo que David y Javi no vienen”. ¡Vaya! No iba a ser
lo mismo con la mitad del equipo, pero estaba allí y tenía que aprovechar la
ocasión. Rafa me acompañó al estudio, y me presentó a Carlos Jean,
productor del nuevo disco de Hombres G, y a Joaquín, el técnico de sonido del
estudio. Estaban trabajando en el final de uno de los nuevos temas. Rafa me
ofreció una cómoda silla con ruedas, junto a Carlos. Intuí que él estaba allí
sentado y preferí coger un taburete un poco más apartado.
El
estudio era amplio y sin embargo acogedor, lleno de guitarras, cables, enchufes,
y una mesa de sonido llena de regletas y botones, mucho más grande de las que yo
había visto jamás en un estudio de radio. Carlos trabajaba con una guitarra
eléctrica hasta que salieron unos acordes estupendos. La base musical y el nuevo
sonido final encajaban a la perfección. Escuchamos varias veces la última
estrofa: “Quiero andar por esta vida...”, dice la canción. “¡Me encanta ese
final!” “No es una canción nuestra, es de Smashing Pumpkins”, bromeó
Carlos.
Dani se
presentó a eso de las once y diez. Era mi enlace con el grupo y estaba pendiente
de aclarar todas mis dudas, también los títulos de películas de las que
hablaron, como esa peli de rockeros, Spinal Tap, en la que un músico
muere ahogado en mitad de un vómito que resulta ser de otro del grupo. Las risas
se escuchan por todos sitios, también las de David, que ha aparecido con cara de
sueño y pidiendo un café para acabar de despertarse. “Vas igual que yo,
cabrón”, le dice a Dani. Y es verdad, todos llevan look deportivo.
En una
entrevista que le hicieron a Carlos Jean, decía que todas las canciones del
nuevo disco eran de las que te hacían mover la cabeza todo el rato. Y es verdad,
les pasa a ellos con cierta frecuencia. Dani y David no paran de mover cabeza y
pies al ritmo de la música; Rafa parece un poco más estático y me sorprende, ya
que tiene fama de no parar en el escenario.
Un
estudio es un lugar en el que los músicos terminan las canciones y las visten.
“Trabajamos desde la base: primero grabamos la voz y la batería, y sobre eso
vamos poniendo el resto de instrumentos”, me explica Rafa. “Normalmente,
el grueso del trabajo lo hacemos en el local de ensayo; aquí hemos grabado doce
canciones en diez días”, explica Dani. Ellos suelen estar de 11 de la mañana
hasta las 7, “porque entonces entran Pereza a grabar con Nigel Walker, nos
hacemos el relevo”.
Se
acercan las doce y vamos a tomar un café. El estudio tiene habilitada una
especie de barra de bar en la planta de arriba, donde nos sentamos a tomar café
y echar un vistazo a un suplemento de ocio de un periódico. Hay un suplemento de
ocio sobre la barra y ellos hablan sobre un reportaje de guitarristas, además de
comentar próximas citas musicales. Detrás de la barra hay una pizarra que llama
mi atención. “En esa pizarra nos dejamos mensajes con Pereza”, me
cuenta Dani. “Al principio, como no coincidíamos, nos dejábamos mensajes del
tipo te espero en el parque, no lleves armas”. El último mensaje es un
dibujo que ha hecho David, en el que aparecen los cuatro haciendo sus
necesidades. A Rubén y Leiva debe haberles gustado porque aún no lo han borrado.
Un rato
después volvemos al estudio. No han dado las doce y media cuando aparece Javi,
con un casco en la mano y una sonrisa. Sin saber cómo comienza a hablar con Dani
de aviones, que siente pasión por volar y es instructor de vuelo, casi piloto.
Es entonces cuando aparece un viejo amigo de Hombres G: Juan Muro, saxofonista
de la banda durante cinco o seis años, a finales de los ochenta y principios de
los 90. Ha venido a escuchar el nuevo disco.
Es lo
que hago yo también. Dani me acompaña a una sala más pequeña en la que se pelea
con el Macintosh y reconoce que no es el sistema que más utiliza. Por fin puedo
escuchar los cortes del nuevo disco. “No están terminados, las voces son de
referencia”, explica el guitarrista. Me sorprendo porque encuentro unas
canciones que recuerdan a Hombres G, pero que suenan muy distinto. Son canciones
intensas de principio a fin, con un sonido muy contundente, muy elaborado.
Parecen estar cuidadas con mucho mimo. En algunas de ellas circula un hilo un
poco melancólico, un sonido que acostumbramos más a escuchar fuera de nuestro
país, un tanto british, se podría decir. “Últimamente escuchamos a gente
estilo Artic Monkeys, pero también seguimos oyendo a los de toda la vida, como
Simon and Gardfunkel”, admite Dani. Sorprenden también las letras, que
siguen siendo muy Hombres G, pero tienen algo nuevo, más madurez, más reposo,
más profundidad, tal vez. “Repaso mi vida y me siento un porro que se está
fumando el viento...”. Le pregunto si él ha escrito alguna de las letras,
pero no. “Esta vez son todas de David”, confirma.
A la
una de la tarde, Carlos graba pianos desde el estudio y Dani le ayuda dando
notas con la guitarra. Rafa observa la escena desde un segundo plano. El técnico
de la sala maneja el sonido desde su ordenador, lleno de colores, cada uno
simboliza una pista diferente. “Normalmente, hay un técnico fijo en el
estudio; a no ser que los artistas traigan el suyo propio, en ese caso nos
quedamos como técnico auxiliar, para echar una mano”, cuenta Joaquín.
“Que
el mar entierre su miedo en mi...”. La tristeza de la canción se funde con la
cara concentrada de Rafa. Detrás de mí, reposa una guitarra grisácea, una
Fender Jaguar. "¿El concierto que ofreceréis en septiembre será para
presentar el disco?", pregunto a Dani. “Sí, queremos que el disco
salga en septiembre, aunque sea un poco justo”. Y es que aunque parezca
estar en su fase final “aun queda mucho trabajo, quedan las mezclas, que las
hará casi todas Carlos en su casa, pero que puede llevar un mes o así”.
David,
Javi y Rafa se han ido a otro cuarto a escuchar el disco. El estudio está lleno
de guitarras, algunas de Pereza y otras de los G. “Yo les he ofrecido las
mías a Leiva y a Rubén”, me informa Dani. Mientras, “Hoy tenemos otro
invitado, esta tarde viene a escuchar el disco Dani Martín”, anuncia Dani.
“Por cierto, tú eres la primera periodista que entra en el estudio”.
Me siento agradecida.
Poco
antes de la una y media, toca el tentempié. “La tortilla es espectacular”,
anuncia Javi, que la ataca en diferentes momentos con mucha devoción. Mientras,
Dani continúa grabando una guitarra de esta canción que “recuerda a la ópera”,
bromea Carlos, a lo que Rafa añade “más bien es una saeta”, y se pone a
cantar.
David
se anima a grabar una guitarra, y todos se muestran burlones porque el cantante
de los G se mueve mejor con el bajo. Le piden que no estropee la canción.
Mientras, Juan Muro cuenta la anécdota de un músico “que tocaba la
armónica y le han tenido que quitar los dientes delanteros”. Las risas
vuelven al estudio.
Es un
buen momento para hacerse la foto de familia, y también para grabar una pequeña
entrevista a Javi Molina, al que aprovechamos para preguntarle por su mítico bar,
el Pop and Roll, que sigue siendo su reducto de libertad.
A las
tres volvemos a la planta de arriba y nos sentamos todos a la mesa. Más de uno
se enfrasca a ver el tenis mientras Federer y Davidenko miden sus fuerzas
en la tierra batida del Roland Garros. David me pregunta qué me ha parecido el
disco, si me ha gustado de verdad, y le digo que rotundamente sí.
Son
casi las cuatro y es momento de dejarles seguir trabajando. Aún faltan unos
meses para ver el resultado, pero la espera merecerá la pena.
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