Faltaban
unos minutos para que empezara el concierto, y nadie en la sala recordaba los
atascos, los desastres urbanísticos que hacen imposible llegar a La Riviera y
que al día siguiente tocaba madrugar. Ivan Ferreiro y los suyos
presentaban Las siete y media, gran disco del que ya te hemos hablado en
Popes, y también despedían gira. Y nos pusieron muy difícil resignarnos a estar
una temporada sin sus conciertos.
Ivan hiló
canciones de sus dos discos sin apenas dejar segundos para respirar, y el
público acompañó sin descanso durante las casi dos horas de concierto.
Creaciones como SPNB, Extrema Pobreza o Piensa en frío
fueron estruendosamente coreadas por toda la sala, en una unión
público-escenario inconfundible y casi exclusiva de los conciertos Ferreiro.
Para cantar
La Tristeza acompañó a toda la tropa La China Patiño, un acierto
increíble por su preciosa voz y por una interpretación que calaba a la
perfección con las habituales de Ivan.
El primer
repaso a Piratas llegó con sólo dos personas sobre el escenario, voz y
teclados. Años 80 y Promesas no necesitaron nada más, porque la
fuerza de las canciones fue suficiente para que más de uno se desgañitara a
gusto. Con la siguiente canción se llegó al límite, ya con toda la banda al
frente; Mi coco no dejó a nadie fuera de la euforia creada.
Cuando se
despedía Ivan, empezaban los acordes de su ya mítico baile post concierto y
Karlos tiraba sus baquetas al público, durante esos minutos en los que la sala
te dice con sus luces encendidas y su hilo musical que el concierto no da para
más, no se movía nadie entre la multitud, que se negaba a dar por terminado el
concierto y la gira. Las 7 y media aliviarán la (esperemos breve) espera
de un nuevo espectáculo.