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Francisco Reina/Redacc. Popes80
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Fito en una imagen de la rueda de prensa de
presentación de su último disco |
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¿Quién dijo
que el rock’n’roll era algo minoritario y, básicamente, para adolescentes?
Fito & Fitipaldis se encargaron de demostrar anoche en un abarrotado Palacio
de Deportes Martín Carpena de Málaga, en el que presentaron su último disco,
Por la boca vive el pez, que la afirmación contenida en la pregunta
planteada por algunos no es, ni mucho menos, un dogma.
Adolfo Cabrales, Fito para el mundo de la
música, no sólo rebasa los cuarenta, sino que vende discos en cantidades
industriales (Por la boca vive el pez ya es doble disco de platino) y
llena amplios recintos como el Martín Carpena, en el que se dieron cita muchos
jóvenes seguidores, pero, fundamentalmente, aquellos que superaban con creces
los treinta.
Abrió el
espectáculo, el primero de las Serenatas de la Luna Joven, un prometedor grupo
de Getxo, Zodiacs, que acompaña a Fito & Fitipaldis en su gira, y
que hicieron gala de una envidiable actitud rockera.
Tras el
aperitivo, una suculenta cena. Dos horas y media de rock'n'roll en estado puro.
Fito & Fitipaldis se metieron al público en el bolsillo con oficio
y la bonhomía del ex líder de Platero y tú. Cabrales ha sabido
rodearse de músicos tremendamente solventes, con los que ha logrado una banda
muy compacta. De hecho, y aun a riesgo de resultar injusto al destacar el papel
de unos sobre otros, debo citar a Carlos Raya, a la guitarra,
sobresaliente, y a Javier Alzola, al saxo, sublime. Sin ellos, no sería
lo mismo.
Se trataba
de presentar el nuevo disco, Por la boca vive el pez, y a fe que lo hizo.
Tocó doce de las trece canciones que componen el álbum. Como es habitual en la
gira, inexplicablemente, no sonó No soy Bo Diddley, tema con un claro
potencial para el directo. Ocurre, empero, que puede permitírselo. La
creatividad del músico vasco factura auténticos himnos como el que da título al
disco, versiones tan aclamadas como Deltoya, de Extremoduro, e
incluso un rockabilly instrumental, 214 Sullivan Street. Eso sin olvidar
la amplitud y calidad de su repertorio anterior, del que rescató joyas como
Rojitas las orejas y Soldadito marinero, que fueron de las más
celebradas.
Fito, en todo momento, muy comunicativo y
afable con el público, aderezó el espectáculo con momentos memorables,
verbigracia, cuando apuntó Unchain my heart, de Joe Cocker; tocó
Quiero ser una estrella, de Los Rebeldes, que los presentes
disfrutaron bailando intensamente; e incluso les deleitó con un fragmento de
Roll over Beethoven, del gran Chuck Berry. No menos sorpresiva
resultó la versión rumbera del tema de Barricada Callejón sin salida,
que grabaron para el disco homenaje al grupo navarro… En definitiva, dos horas y
media de rock’n’roll en esencia, con el talento de Fito y la indiscutible
calidad de unos músicos en estado de gracia. |