La música se comporta a veces como si fuera una chincheta con la que colgar recuerdos.
Hace días que he terminado de leer el libro pero siguen revoloteando por aquí sus recuerdos y sus cosas. Durante una semana y más de quinientas páginas compartí aventuras, ilusiones, tristezas y alegrías con los Bossana. Los echo de menos. Lo malo de los libros buenos es que se terminan. Como todos los demás. En éste me he encontrado con intrigas políticas, amores apasionantes, dramas familiares cotidianos –al menos en un país al borde de la guerra civil-, y un contexto histórico vivo, dibujado con fidelidad y realismo. Un amasijo maravilloso de historias humanas que entran hasta el alma del lector implicándole en cada esquina del relato. Cuando quiero que algo permanezca con vida durante más tiempo del previsto, procuro buscarle una canción. La música se comporta a veces como si fuera una chincheta con la que colgar recuerdos. Y hoy he estado buscando chinchetas para cada fotograma de las aventuras de los Bossana.
El libro es de Miguel Aranguren y lo acaba de editar La Esfera de los Libros. Es una novela histórica titulada “La hija del ministro”. Los hechos transcurren durante los últimos años de reinado de Alfonso XIII. Alcanzan también la proclamación de la II República y la Guerra Civil española. La novela cuenta las aventuras de la familia de Pablo Bossana, duque de Paraná, ministro de Alfonso XIII. La bonita y compleja historia de amor de su hija Elvira tiñe casi todo el relato pero no lo absorbe, sino que lo hace crecer con situaciones y pasajes de gran tensión sentimental.
Si no fuera porque son de otra época, a la mayoría de los personajes de “La hija del ministro” me los imaginaría escuchando canciones de Los Secretos y de Antonio Vega.
A la joven Elvira, y a su querido Ventura Ortuño, suplicando “Menos decir adiós”: “No quiero que termine lo que empezó / mi corazón de acero ya se fundió / Si tú me das la luna yo te guardo el sol / puedes decir de todo menos decir adiós”.
Aunque Luis, por su parte, podría cantar casi cualquiera de las canciones de Los Secretos dependiendo del momento del relato, hoy lo escucho gritando “Mi peor enemigo”: “Ordenar mis ideas no me apetece nada / porque seguro encuentro que hay alguna rara, / y vivo sin pensar qué voy a hacer mañana. / Porque yo siempre fui mi peor enemigo. / No me mires así, no he prometido nada / yo cambio de opinión una vez por semana”.
Sin duda, al abuelo Facundo lo veo recitando “A tu lado”: “He muerto y he resucitado / con mis cenizas un árbol he plantado / su fruto ha dado / y desde hoy algo ha empezado”.
Rosario, claro, estará aún en alguna nube, tratando de recordar la letra de “Quiero beber hasta perder el control”. Y Manolé, como Antonio Vega, con la serenidad de quien está “Esperando nada”: “y creció a mi lado como un árbol / toda una ilusión / y creció a su lado monstruosa / toda una obsesión”.
A Don Pablo Bossana y a su esposa, que son un maravilloso testimonio de valentía, de fortaleza y de entrega a los suyos durante todo el relato, no me atrevo a atraparlos en una simple canción.
Puestas las chinchetas, sólo me queda darles las pistas para que puedan recorrer el mismo viaje de placer que emprendí yo estas vacaciones de Semana Santa. Así que les dejo
este enlace, como señal digital, por si quieren acercarse a “La hija del ministro”. Y cuando lo hagan no se olviden de probar a clavarles a los recuerdos las chinchetas de Antonio Vega y de Los Secretos que hoy he empleado aquí.
En estos tiempos que vivimos, raras veces se editan novelas como ésta. Con una ficción –paradójicamente- tan real y fascinante, que atraviesa con soltura las vidas de personajes, haciendo vibrar al lector desde la primera hasta la última página. Con unos protagonistas que sufren muchísimo en ocasiones –y nosotros con ellos-, bajo la triste postal de fondo de una España llena de odio y rencor. Pero siempre con alguna luz con la que iluminarse: sin perder nunca la esperanza. Con espacios para la calma que regala una buena amistad, la familia, o una bonita historia de amor. Todo ello, además, escrito con gran estilo. Por eso creo que lo mínimo, como premio, es ponerle una banda sonora de lujo a esta gran historia. Y festejarlo en esta costa.