Se dejó llevar...
Arancha Moreno.
12/05/2009
Digamos que este Palco es más para los que ahora nos sentimos solos.
Ayer estaba en el ordenador. Alber subió a preguntarme que hacía. Le contesté que estaba buscando información sobre Antonio, que llevaba varios días malito y había leído en algún medio que podía tener cáncer de pulmón. Él me puso esa cara que yo no quise aceptar. Hablando del tema, incluso sugirió rescatar algún audio especial, de una fiesta de Popes80, o de alguna entrevista que le hice, por si ocurría...algo. Yo me negué hacerlo, me negué porque tengo ese espíritu sensiblón que no se me va con los años, y es que me dejo guiar más por el corazón que por la cabeza. Recuerdo cuando fui a hacer prácticas a mi primer medio, un diario de provincias, y bromeaban sobre cosas como “a ver si no rescatan a fulanito esta noche, que si no nos dan las tantas”. No podía comprender ese tipo de bromas tan comunes en mi profesión, cuando la actualidad te puede cambiar el rumbo de la noche, y de los días. No bromeaba sobre cosas tan serias, porque sólo pensaba desde la otra óptica, esperando que las cosas se solucionasen.
Tal vez en este caso fue negación, negación de la realidad. A Antonio le tengo mucho cariño y mucho aprecio. Le descubrí hace años, cuando comencé la facultad. Recuerdo aquel primer concierto en Clamores, Marta y yo al fondo, sin apenas ver y deseando que las de delante se callasen. Estuvieron todo el concierto hablando salvo cuando sonó Chica de ayer, y entonces cantaron, lo cual fue peor. Posiblemente muchos de los que ahora se lamenten sean precisamente esas dos, o como ellas. Pero cuando uno se marcha, estas cosas suceden... Y sé que muchos otros, los que han estado siempre, a pie de concierto, al borde de sus discos, al filo de sus canciones, estamos desolados.
He empezado a escribir automáticamente, porque es mi forma de dejar que las cosas fluyan. Pero ahora está sonando Antonio en Radio 3 y me suena más melancólico que nunca. Se dejó llevar, pero no nos dejó del todo solos. Nos preparó cientos de canciones para recordarle cuando se vaya, y entristecernos con sus tristezas... Que también abrigan y reconfortan, porque atraparon esa sensibilidad única que él tenía.
Hace tiempo escribí mi primer cuento, y casi sin pensarlo se convirtió en el suyo. Siempre quise enviárselo, y siempre me quedé con las ganas y con el miedo de que llegase a leerlo. Incluso llegué a llevarlo en la mano cuando vino a la fiesta de Popes80, en nuestro sexto aniversario. No me lo podía creer, que alguien tan grande para nosotros viniera a nuestra fiesta. Pero vino, porque sí, porque la música para él eran sentimientos, no negocios. Nos regaló un acústico precioso, de los que callan la sala y ponen los pelos de punta. Llegaron a presentarnos. No supe que decir.
Los recuerdos se me agolpan ahora en la cabeza. Me arrepiento mucho de haberme perdido aquel último concierto, con la entrada en la mano, al que no llegué a ir. Recuerdo tantos conciertos en Clamores, algunos en primera fila, y sin llegar a cruzar la mirada, porque Antonio nunca miraba al frente. Y recuerdo con ilusión aquel concierto que hizo en Conde Duque, dentro de los Veranos de la Villa, acompañado por una orquesta y moviéndose al compás, más Sinatra que Antonio, pero siempre grande.
Hoy es uno de esos días que uno siente que ha perdido alguien, que sin ser familiar o amigo, lleva formando parte de nosotros mucho tiempo. Como tanta gente que lloró a Enrique hace justo diez años. Dos vidas paralelas, las del maestro Vega y el maestro Urquijo, con tanto en común, algo tan mágico, tan fácil de sentir y tan difícil de explicar.
Llevaba mucho tiempo preocupando a los que le quieren, pero yo siempre creí en sus siete vidas. Creí que de esta también saldría. Porque era una persona de apariencia débil, pero de una fortaleza interior inmensa.
No se me ocurre un Palco decente para alguien tan grande. Tendría que rescribirlo mil veces. Y reasimilarlo y digerirlo hasta entender lo que está ocurriendo, pero quizá cuando eso ocurra, me cueste demasiado teclear así. Digamos que este palco es más para los que ahora nos sentimos solos. Ojalá hoy Antonio se sienta acompañado.
Enviar a:
|