Antonio Vega
Itxu Díaz.
13/05/2009
El de ayer fue el récord de audiencia más triste de la historia de POPES80.com. Miles y miles de internautas de todo el mundo a los que ni siquiera pudimos dar un buen servicio porque nuestra web estuvo colapsada durante casi todo el día.
El de ayer fue el récord de audiencia más triste de la historia de POPES80.com. Miles y miles de internautas de todo el mundo a los que ni siquiera pudimos dar un buen servicio porque nuestra web estuvo colapsada durante casi todo el día. Pero su llegada no fue un motivo de alegría, como en otras ocasiones. Para decepción de quienes nos esforzamos por hacer un buen diario musical, de acuerdo a nuestros propios criterios, es desesperante ver cómo venden las malas noticias. Lo cierto es que la de ayer, en todo caso, no era una mala noticia cualquiera. Era la noticia musical más importante del año. Una fecha, 12 de mayo de 2009, que quedará escrita en el lugar más destacado de la historia de la música española, como el 17 de noviembre de 1999, el 30 de mayo de 1995, o el 9 de mayo de 1997.
Estábamos ultimando los preparativos de la fiesta de sexto aniversario de esta web musical. Noviembre del año 2006. Es una tradición que en estas celebraciones aparezca en el escenario algún invitado sorpresa, que no esté previamente anunciado, para agradecer la fidelidad de nuestros lectores y de los asistentes. Ese año ya había previstos tres: Felipe Lipe (Tequila), Jose María Granados y Ramón Arroyo (Los Secretos). Sin embargo, a media tarde, mientras dormía la siesta en el hotel, sonó con insistencia mi teléfono móvil, y se confirmó que habría un cuarto invitado sorpresa que no dejaría indiferente a los valientes que aguantasen hasta la recta final de la fiesta del primero de los días de celebraciones de Popes80.com, que era un miércoles.
Antonio Vega llegó a La Botellita de la mano de Santi Santos y Chema Vargas. Con el sigilo de quien prefiere quedarse en segundo plano y la sencillez del que no aparenta haber firmado nunca canciones como “Lo que tú y yo sabemos”, “El sitio de mi recreo”, “Tesoros”, o por supuesto la “Chica de ayer”. Durante las actuaciones de las decenas de grupos y artistas que salieron al escenario antes que él, atendió con interés algunas y aprovechó para saludar a amigos en otras, pero siempre permaneciendo alejado de la muchedumbre que asistía al concierto, cómplice ante la idea de que su presencia allí debía ser una sorpresa.
Bien entrada la madrugada, con la sala ya rozando el medio aforo, llegó la actuación de Chema Vargas. Con él, la sorpresa. Presentó a Antonio Vega y los asistentes estallaron en una ovación que en pocos segundos fue absorbida por un silencio cortante. Interpretaron en acústico “Escrito sobre el viento”, el maravilloso dueto que habían grabado para el primer disco de Chema Vargas. Al terminar, como habíamos previsto, ambos artistas hicieron el ademán de bajarse del escenario, pero un gesto de Antonio Vega desató de nuevo los aplausos de La Botellita. Quería cantar más. Y así se quedó él, solo en el escenario, con la sala invadida en un silencio mágico, y el público acercándose más y más, hasta sentarse con él en el borde del escenario. El sitio de mi recreo. Donde nos llevó la imaginación, y cantaba con los ojos cerrados. De nuevo los aplausos. Todos creíamos que era el último regalo de la noche. Antonio Vega volvió a hacer el gesto de bajarse de la tarima pero la ovación era interminable. Entonces decidió volver a subirse al taburete y regalar otra sorpresa a los presentes: El elixir de juventud. Después llamó a Santi Santos y a Chema Vargas de nuevo y se despidió cantando con ellos la “Chica de ayer”.
Antonio Vega no había pedido ni un céntimo por actuar esa noche en la fiesta de Popes80.com.
Hasta aquel día, veía en él a un maestro, me atraía su sencillez y me entusiasmaban sus canciones. Lo reflejé lo mejor que pude en “Haciendo Amigos” en “Antonio Vega: sencillez y maestría”. Pero desde aquel miércoles de noviembre fue diferente, desde esa madrugada he conservado una gran admiración, gratitud y cariño hacia Antonio Vega, pero no sólo en lo musical, sino también en lo personal.
Antonio Vega atendía con el mismo cariño y atención a todos los medios de comunicación. Si su interlocutor mostraba confianza y conocimiento de su carrera, podía regalarle un gran titular sin pensárselo, aunque no estuviera en una gran radio o en el periódico más vendido. Lo hizo varias veces con Arancha Moreno, en POPES80.com, en las entrevistas que siguieron al regreso de Nacha Pop.
La relación del colíder de Nacha Pop con los medios de comunicación no siempre fue fácil. Durante años la frivolidad y el desconocimiento de periodistas de diverso pelaje han dibujado a un Antonio Vega oscuro e intermitente. Cuando hace algunos días recibimos la noticia de que le habían descubierto un cáncer, decidimos guardar un respetuoso silencio a la espera de lo que su entorno familiar quisiera trasladar oficialmente a los medios. Lo hemos hecho en otras ocasiones. Me siento especialmente orgulloso de no haber permitido a nadie en POPES80.com publicar tonterías sobre Antonio Vega, como hicieron durante años esos buitres que rastreaban a diario en su vida privada, en su salud, o en los contratiempos personales que tenía o dejaba de tener. Por eso me encantó escuchar “Un día y otro” en su último disco de estudio. Sólo un genio puede responder con tanta sutileza a ese acoso que sufrió durante años, en los que casi debía justificar a diario por qué seguía bien, componiendo, en buena forma, ofreciendo conciertos y cosechando ovaciones y admiraciones en todos los escenarios: “hoy me han dicho dos o tres lo que tengo que hacer (…) qué mal te veo estás mucho peor que ayer (…) esta gente no tiene nada mejor que hacer / que pensar en lo que tengo o dejo de tener”.
La comparación entre Enrique Urquijo y Antonio Vega es inevitable. A pocos artistas habré estado tan unido, a través de sus canciones. Pese a que es imposible reducir a un Antonio Vega en un Enrique y viceversa –musicalmente eran tan distintos…-, sus despedidas marcan dos hitos fundamentales en la historia de la música española. Para los que tenemos una visión trascendente de la existencia, la muerte no es tan desesperante como podría llegara a serlo. Sin embargo, la desaparición de los que admiramos, de los que queremos, siempre es algo difícil de sobrellevar sin ceder a la tristeza y al desánimo. Por eso hoy quiero recordar que sobrevivimos a la muerte de Enrique Urquijo rindiéndole cientos de homenajes, que hicieron más suave su recuerdo y menos dolorosa su ausencia. Lo mismo haremos con Antonio Vega. Ayer Nacho G. Vega –a quien envío ahora otro gran abrazo- nos marcó el camino: cerrar los ojos y escuchar sus canciones. Eso haremos. Tributaremos al maestro de la música española. Era tal la admiración que despertaba entre el resto de los artistas que no hará falta remover mucho para encontrar a grupos y músicos dispuestos a honrar su figura y a colaborar para que su música se haga eterna, como se volvieron imperecederas todas las canciones de Los Secretos de Enrique Urquijo.
Desde varios medios de comunicación me han pedido en las últimas horas algunas impresiones sobre Antonio Vega. La pregunta típica es “¿con qué disco de quedarías?”. Es muy difícil responder. Pero prefiero contestar desde la más grande de las subjetividades cuando se plantea un reto así. Y por eso, aunque sé que muchos de sus seguidores del artista abrazarán mucho antes otros discos, yo no tengo dudas al seleccionar “De un lugar perdido”. Por el momento y por la contundencia con la que llegó. Por la frescura y la magia de sus canciones. Por el sonido. Por la fuerza de la voz de Antonio. Y por aparecer detrás de uno de los mejores singles de toda su carrera, “Estaciones”.
No me llegarían diez artículos para contar todo lo que me gustaría de Antonio Vega. Me viene a la mente cómo lograba que cualquier canción se llenase de magia cuando se animaba a hacer duetos con otros artistas. Recuerdo la mirada llena de admiración y de sincera emoción de Eva Amaral cuando compartía escenario con el maestro. Y la primera vez que escuché la “Chica de ayer” en el coche de aquel tipo cuyo nombre nunca he logrado recordar. Y los silencios imposibles que nacían cuando ocupaba un escenario. Y el concierto de Nacha Pop del 15 de agosto de 2007. Y lo mucho que me impactó escuchar su visión “Agárrate a mí María” en el disco homenaje a Enrique Urquijo. Y cuando descubrí “Lo mejor de nuestra vida” a comienzos de los 90. Y el último concierto suyo al que asistí: el 8 de noviembre de 2008 en el Playa Club.
Recuerdo, en definitiva, tantas cosas que no me quedará más remedio que volver a escribir sobre él cuando la niebla de la emoción esté un poco más alta.
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