Ahora todos nos acordaremos de sus magníficas canciones, recordaremos aquel momento tan especial escuchando su música, profundizaremos en la poesía de sus letras, pero nos quedaremos con el dolor de que se nos ha ido.
No esperaba que al abrir la página de Popes80.com, ayer, martes día 12 de mayo de 2.009, me fuese a encontrar con la noticia de la muerte de Antonio Vega. El día anterior estuve repostando en una gasolinera y al entrar para efectuar el pago sonaba una canción de Antonio, “Elixir de juventud”. Que bromas se gasta el destino. Sabía que estaba ingresado por lo que parecía una neumonía, por eso al oír su canción pedí por su pronta recuperación.
También ayer, de viaje en automóvil por tierras de Segovia y Valladolid, fui escuchando el precioso programa que hizo Santi Alcanda sobre Antonio Vega en Radio 3 (se puede escuchar
aquí) Me emocioné. Sin lugar a dudas su voz me llegó todavía más, con esa delicadeza con la que sólo él te toca. Se sucedieron testimonios, anécdotas y canciones. Pero que me quedo con un momento del programa la entrada de Johnny Cifuentes (Burning) y con la canción “Una noche sin ti”. Recibo un mensaje al móvil de un amigo que dice “Han caído los mejores reyes, primero Enrique, ahora Antonio. Viva el Rey!”. Al llegar a casa lo primero que hice fue poner “Estaciones” a todo volumen (“…que con hoy es suficiente y mañana es demasiado.”)
Y es que por muy delicada que pareciese la salud de Antonio yo siempre creí que él iba a enterrar a muchos. Ese estar siempre en el filo del hilo lo había convertido, a mis ojos, en un ser indestructible. Creí que podría vivir para seguir grabando sus mejores discos. Pero todos tenemos un límite y un tiempo para poder guardar el equilibrio. Siempre me lo imaginé como en su canción “Un día y otro” cansado y harto de que la gente comentase sobre su salud, o los más osados preguntándose cuando se moriría (“…Esta gente no tiene nada mejor que hacer / Que pensar en lo que tengo o dejo de tener / La transparencia, la paciencia, el sueño y el dolor / Hacen amigos de los que yo tengo uno o dos.”)
Ahora todos nos acordaremos de sus magníficas canciones, recordaremos aquel momento tan especial escuchando su música, profundizaremos en la poesía de sus letras, pero nos quedaremos con el dolor porque se nos ha ido. Ahora al sonar una canción suya cerraremos los ojos y nos daremos cuenta de que Antonio Vega sigue a nuestro lado cantándonos al oído.
Al igual que Enrique Urquijo, Antonio tenía ese don de poner voz a la melancolía y a la tristeza, de parecer que tiene un imán para la desgracia, que transforma y nos estalla en forma de canción y sentimiento. Porque Antonio era (ES Y SEGUIRÁ SIENDO) un pedazo grande de la historia de la canción en España, como esa generación que no está entre nosotros como el citado Enrique, Pepe Risi, Berlanga… personas que son fruto de la época en la que les tocó vivir, la tan manida Movida que con sus drogas se llevaron a la tumba a tantos inocentes.
Su legado está al alcance de cualquiera. Su música le sobrevivirá. Su magia permanece. Su delicadeza sigue intacta. Nacha Pop nunca se volverá a juntar, pero es de justicia reconocer a Nacho G. Vega toda la labor que supo realizar, pues él se ocupó de llevar de la mano a un genio tan particular como el de Antonio Vega, y él, aunque poca veces se le suela valorar, es tan importante en Nacha Pop como su primo, al que hoy (y siempre) recordamos. Ahora, que sé que lo estará pasando tan mal, quisiera desde aquí enviar mi agradecimiento a Nacho por toda la labor invisible que hizo para el bien de Nacha Pop y de Antonio Vega, sacrificios que se compensan con la complicidad de un cruce de miradas en el escenario.
El consuelo, si lo hay, es que ahora Antonio podrá seguir disfrutando de las tres mil noches con Marga, que nos quedan sus canciones y su amor, como nosotros también le quisimos a él.
“Sin dolor, pensó en la tierra que dejó
Entre el barro y las estrellas decoró su mansión
Ante el espejo su cara le asustó
A una lágrima reseca se aferró
Dejó pasar el tiempo hasta acabar la contienda,
luego en busca de su corazón partió”