El problema es que ciertos gurús nos han hecho creer, una vez más, que las redes sociales son el final del trayecto. Lo último, pero esta vez de verdad.
En las últimas horas, El Confidencia Musical ha publicado
un reportaje muy breve, pero de gran interés para los artistas que están empezando, y para los músicos aficionados que han perdido el juicio y desean dar el salto al mundo de la música profesional. El artículo recoge las conclusiones de la experiencia de Tom Hess, un guitarrista y maestro de música, que ha formado a multitud de artistas. Hess resalta los seis errores habituales del artista novel que quiere alcanzar un contrato discográfico. Algunos errores, en apariencia, van directamente contra el sentido común. Otros dinamitan las consignas que han estado escupiendo sin descanso durante los últimos años muchos gurús de las nuevas tecnologías y la música. Tal vez por eso resultan especialmente interesantes.
Los grupos noveles quieren que les escuche mucha gente, como sea, a cualquier precio, por eso exprimen sin descanso todas las posibilidades de promoción que tienen a su alcance. Con frecuencia lo hacen de forma desordenada e improvisada. Olvidan que es más importante tener seguidores de verdad, aunque sean pocos, que contar con una legión de personas a los que les suene lejanamente el nombre del grupo.
Tom Hess también descalifica a los grupos que graban grandes canciones pero descuidan su directo. Sin embargo, en esta categoría, yo señalaría también lo contrario como un grave error: los grupos con un gran directo, que jamás se han molestado en hacer una buena grabación en estudio.
En el quinto error Hess recuerda una obviedad que muchos grupos olvidan cuando se disponen a saltar a la fama: que sostener una carrera musical es caro y costoso, tanto por el dinero que se necesita, como por el tiempo que requiere. En el sexto y último dardo, Hess afirma que muchos noveles buscan un contrato discográfico sin pararse a pensar qué es lo que necesita el sello que podría editarles. Y es cierto. Lo he visto en muchos amigos de la órbita de este diario musical: obcecados en su empeño por dar el salto, olvidan que la discográfica no les regalará nada, sino que les ofrecerá un contrato. Y pasan por alto el verdadero significado de la palabra "contrato", que implica una cesión y una apuesta conjunta y recíproca. Sin esta perspectiva, toda negociación termina fracasando.
Quiero detenerme especialmente en el segundo error, el más llamativo, novedoso e interesante: "Creer que las redes sociales son la clave de la promoción musical en Internet". No voy a negar ahora ciertas ventajas que las redes sociales han aportado al desarrollo de Internet, a la sociedad contemporánea, y al conjunto de pelmas que estaban deseando exponer su vida privada y aún no habían encontrado el lugar apropiado para el destape. Todo esto está muy bien para el que le guste y para el que sepa administrarlo. El problema es que ciertos gurús nos han hecho creer, una vez más, que las redes sociales son el final del trayecto. Lo último, pero esta vez de verdad. Y esto ha llevado a mucha gente a entregarse a los Facebook, los Twitter, y los Myspace, como si fueran la pared del fondo de Internet, sin considerar ninguna otra herramienta de la red. Por eso muchos grupos cuentan con su MySpace oficial y, en cambio, han desmontado sus webs. Otros publican sus noticias en Twitter y ya no envían los boletines por mail a sus seguidores. Otros creen que es posible hacer una promoción seria para el lanzamiento de cualquier nuevo producto, utilizando Facebook como única herramienta. Visto con perspectiva, son errores ridículos.
Recuerda Hess que a las discográficas podrá impresionarles más el éxito de visitas de una web personal, que las no se cuántas mil audiciones de su canción de MySpace, o las visualizaciones de su videoclip en YouTube. Mientras que lo primero es un signo incontestable de la popularidad del grupo, lo segundo y lo tercero pueden ser fruto de casualidades, de intervenciones tecnológicas –legales o ilegales-, de envíos de correos electrónicos engañosos, o de reclamos falaces que nada tienen que ver con que el disco debut del grupo en cuestión vaya a convertirse en un éxito y en un producto rentable.