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por
Itxu Díaz (Director Popes80.com)
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"Ahora se puede decir con rotundidad que Los Secretos se han
repuesto del golpe más terrible de toda su trayectoria y que el grupo
está adquiriendo una nueva personalidad, sin perder nada de su
esencia" |
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Llegué un poco tarde y todo estaba en
silencio. Y a oscuras. El teatro pequeño, acogedor. Ramón, Jesús, Juanjo, Santi y Álvaro
situados en sus puestos. Con un sencillo panel liso de fondo. A veces
granate, a veces azul. Penumbra entre las butacas y luz envolvente en torno
al grupo. Y el escenario, cerca, muy cerca. Santi, desde la batería, marca
la señal y suenan Los Secretos. Suenan con limpieza, con elegancia, con
carácter, con veteranía. El público no pierde detalle, algunos ni
parpadean.
Había olvidado lo que significa ver a Los
Secretos en un teatro. Con un sonido medido, exacto, sin descuidar ni un
sólo detalle, todas aquellas canciones inolvidables que lanzaron al grupo
a la fama cuando todavía Enrique nos regalaba su talento en directo,
fueron paseándose entre las paredes del Teatro Colón. Para desentonar un
poco, para romper la monotonía, para traernos a la realidad, de vez en
cuando, la voz de Álvaro temblaba y se rasgaba levemente. Al terminar
alguna canción, el líder de Los Secretos justificaba su ligera afonía. Se ve que
el clima norteño, poco dado a sutilezas, no perdona tampoco a los grandes
artistas.
Me sorprendió -como siempre- ver a Los
Secretos. Me agradó verlos otra vez en un teatro -la última vez en un
recinto así había sido en Oviedo, el mismo estupendo día en el que
descubrí, en un inolvidable directo acústico, a La Tercera República,
ahora Martín & García-, robándole el
alma a los de la primera fila, cuidando cada nota, cada gesto, cada matiz
de "Cambio de planes" o "Pero a tu lado", haciendo referencias
imprescindibles al añorado Enrique Urquijo, defendiendo con sobrada
maestría algún tema del último álbum, haciéndose de rogar en los "bises"
ante un teatro abarrotado, derrochando buen humor a cada minuto. Sí, he
dicho derrochando buen humor. Nunca antes me había reído de esa manera en
un concierto de Los Secretos. Nunca antes Álvaro Urquijo se había mostrado
tan relajado, tan ocurrente y tan distendido frente a su público. En cada
corte, entre canción y canción, Juanjo y Álvaro improvisaban
conversaciones propias de los grandes del humor nacional. Risas, aplausos.
Otra canción. Más aplausos. Es arriesgado hacer esos juegos, esos
monólogos, esas bromas... cortando el silencio de un teatro que parecía
estar asistiendo a la grabación de un "básico", con estrictas normas de
comportamiento. Decía que es arriesgado buscar la sonrisa del público una
y otra vez durante un concierto, y sin embargo, para mi sorpresa, a ellos
les sale, y les sale bien. Eso también les sale bien. El público se lo
agradece ovacionando de igual forma su música que sus ocurrencias.
Sorpresa tras sorpresa. Pocas veces Ramón Arroyo se toma la molestia
de acercarse al micrófono a decir unas palabras a su público. Pocas, muy
pocas, o tal vez en ninguna ocasión, había tenido oportunidad de ver a Los
Secretos -a todos- así, tan relajados, pasándolo tan bien y tan
rejuvenecidos. Toda una sorpresa para los que somos sus admiradores. Soplan nuevos aires en uno de los grupos más
importantes de la historia de la música española. Soplan nuevos aires sin
perder ni un poquito de ese sonido que se espera de ellos. Se nota que han
superado ya el complicado disco y gira en homenaje a Enrique Urquijo, el
primer disco sin él y ahora el segundo. Ahora se puede decir con
rotundidad que Los Secretos se han repuesto del golpe -que lo hagamos sus
seguidores quizá sea un poco más difícil- más terrible de toda
su trayectoria y que el grupo está adquiriendo una nueva personalidad, sin
perder nada de su esencia.
Da gusto ver a uno de los grandes del pop
español en ese estado de forma vital y musical. Da gusto ver a Álvaro
Urquijo bacilar a Jesús Redondo golpeando con el dedo índice el teclado,
da gusto ver a Ramón Arroyo tocar haciendo malabarismos con la guitarra
puesta en la nuca. Da gusto que además de todo lo que ya sabemos, lo
musical, lo excelente, el grupo se muestre así, como una gran sonrisa.
Así que, en resumen, fue toda una
sorpresa lo del jueves pasado en el Teatro Colón de La Coruña. Una grata
sorpresa.
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