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por
Itxu Díaz (Director Popes80.com)
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"Ruido de vacío, de todo y nada, de muchedumbre anónima, de
sinsentidos y de silencio" |
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A veces es mejor poner un buen disco a todo
volumen que escuchar el ruido del mundo. Escaparse con la cabeza a una
playa o al jardín donde soñamos por primera vez con detener el balón en la
parada perfecta. Desde allí los olores y los colores llegan y, de un solo
golpe, consiguen de nuevo poner brillo a nuestra mirada. Desde allí
partiendo de hoy, de casa, de media tarde, de la pereza de esa hora en que
es demasiado tarde para casi todo pero demasiado pronto para irse a la
cama. Y con un disco girando, para que el viaje mágico pueda producirse.
No deja de asombrarme el poder de la música.
Nos sacude la memoria como las imágenes, los sabores y los olores, pero con mayor profundidad.
Capaz de alegrarnos el día o estropearnos una tarde en apenas tres notas,
tres acordes inocentes, tres recuerdos contagiosos. Ahora que las tardes
de enero prefieren retenernos en casa es buen momento para reencontrarse
con discos olvidados. Podemos llevarnos terribles -o maravillosas- sorpresas si ponemos a
girar ese que nos acompañó varios días en nuestra más tierna
infancia. O escuchando las canciones que nos trasladan a los años de los primeros
sentimientos profundos, a los del despertar de la conciencia y a tantas
otros lugares
que han ido marcando nuestra biografía hasta donde nos haya dado tiempo a
llegar.
Al final no nos queda más remedio que volver
a la música para reconstruir con acierto nuestra crónica vital más
sentimental. Al final no nos queda más remedio y lo aceptamos
gustosamente. A veces -aunque no siempre- es mejor poner ese disco que
decía antes y no escuchar el atronador ruido del mundo. El del presente,
que angustia y absorbe. Que es ruido de
vacío, de todo y nada, de muchedumbre anónima, de sinsentidos y de
silencio.
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