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por
Itxu Díaz (Director Popes80.com)
| "Todos y cada uno de los que han conseguido dejarme intranquilo con una mirada, hasta que me he visto obligado a tratar de dibujarla en un papel, con letras, en un artículo" |
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Era
tarde y vagaba por casa. Miraba con detenimiento libros y discos antiguos.
De ayer, de hace un mes, de hace años. Entre la suave oscuridad se colaba
por la ventana la luz furiosa de algunos rayos, y sus truenos presidían
la tierra durante unos segundos. Pasando las páginas de antiguos libros
de música, en el intranquilo marco de aquella tormenta salvaje, pensaba
que algo faltaba entre tantos párrafos.
Lo
biográfico refleja sólo una parte de lo sucedido. En la música, las
canciones individuales se empapan de las historias personales. Y crecen.
Nadie puede reflejar con exactitud eso que, sin embargo, es lo más
importante. O al menos es lo que más nos importa.
Cerré
los libros y lancé la vista atrás. Sólo me despertaban, de aquel viaje
profundo, esos relámpagos zigzagueantes. Un portal de Internet, miles de
canciones y decenas de historias personales. Un esfuerzo interminable por
besar en la frente al Niño Pop Español. Concluía simple. Simple e
incompleto. Y volví atrás cuantas veces fueron necesearias hasta
comprender que de cada chispa nació una hoguera. Que de estos años, si
algo merece la pena, además de las canciones, son los amigos, las
historias y -permítanme- los corazones. Algunos corazones.
Todos
aquellos que han aparecido detrás de una guitarra, al borde una fiesta,
tras las luces de un escenario, al frente de cualquier bar, bajo una nube
de humo, en primera fila de un concierto, en la última fila de una
presentación, tras la cámara, tras el micrófono, con los ojos
brillantes, rompiendo la guitarra en un sólo apocalíptico, con la boca
abierta, en la mesa más cercana, en el portal digital siguiente, rodeado
de arrobas, perdiendo el tiempo, con el tono ahuecado por alguna resaca,
mirando al suelo, en un abrazo injustificado tras haber logrado superar
las espectativas de un proyecto común, recomendando una bonita canción,
apurando un nombre en una servilleta, soñando un buen rato con un disco
vacío en la mano. Ahí y en mil sitios más. Así y de mil formas más.
Esos amigos y esas historias llenan de color y sentido hasta el logotipo
más gris.
Todos
y cada uno de los que han conseguido dejarme intranquilo con una mirada,
hasta que me he visto obligado a tratar de dibujarla en un papel, con
letras, en un artículo. Todos aquellos a los que no me ha quedado más
remedio que dar las gracias, una y otra vez. A veces, con ese
agradecimiento de quien no es capaz de contener una buena bofetada antes
del apretón de manos. Con esa confianza que alguien reparte cuando le da
la gana.
Y
todo lo contrario. Porque además de esos amigos, están los enemigos. Si
los enemigos fuesen realmente tan enemigos, como amigos son los amigos,
nada de esto tendría sentido. Pero ellos saben lo que hay detrás de cada
columna. Me he hartado de escribir que quien tiene un agujero donde
escupir sus reflexiones musicales, tiene una invitación personal a crear
debate, a abrir el bote de las opiniones. A tirar la primera piedra. De
ahí, a veces sin pretenderlo, nace nuestra ironía al hablar de
"hacer amigos". Pero la comprensión llega o la balanza se
equilibra a tiempo y, al menos, habremos disfrutado de un buen
debate.
Y
eso es lo que tenemos al fin y lo que presentaré el 21 de junio en
Madrid. Un texto abierto, como si de una gran introducción se tratase,
como si ya ahora pudiésemos asegurar que hay finales que nunca
aparecerán en pantalla, que cada uno debe servírselo por su cuenta. Son
decenas de historias en las que se hacen amigos y se "hacen
amigos". Con sonrisas y alguna lágrima. Con datos biográficos
cuando es necesario. Con anécdotas tontas cuando nos apetece tumbarnos a
ver pasar la intrascendencia hecha letra. Con recuerdos sinceros y amables
y con despedidas desafiantes propias de un Western. Con algunos misterios
y secretos. Porque no se puede terminar un libro sin un sólo misterio y
silenciando todos sus secretos.
Con
todas esas cosas, siempre sacadas del gran cajón de la música y siempre
navegando en los mares de la actualidad musical, he construido
"Haciendo Amigos" en los últimos tres años.
Tengo
la suerte además de poder rodearme de amigos en la presentación de
Madrid. Y de haber recibido múltiples apoyos y, nunca tan inmerecidas,
felicitaciones incluso mucho antes de la publicación del libro. Tengo la
gran suerte, sobre todo, de poder invitaros a todos a esa presentación en
la sala Shabay, al caer la tarde, a las siete. Y Popes80 nos brindará
después una nueva oportunidad de disfrutar de la magia del pop español,
en esa fiesta tan especial de la que tanto estáis oyendo hablar estos
días, La Fiesta de la Música Española. Una celebración de esas para
las que sobran todas las palabras, porque sólo cuentan las buenas
intenciones, las grandes proyecciones.
Mientras
termino de escribir estos últimos párrafos, sin quererlo, vuelvo a la
estantería de libros y discos polvorientos. Unos por el paso de los años
y otros por descuido. Y trato de buscar en sus autores la misma suerte,
para poder entenderlo todo mejor. Cuando parece que voy a lograr echar el
guante a esa conclusión que baila cada vez más lejos y lograr recorrer
el círculo hasta aprendérmelo, baja la niebla y tropiezo en otras dudas.
O en las mismas. No es todo tan sencillo.
Algo
tenemos en España que nos diferencia. Para lo bueno y para lo malo. Algo
tenemos que nos hace analizar la realidad artística en formas
antagónicas. Hoy adoramos porque nos han atravesado el corazón y mañana
odiamos con toda esa pasión que nos cautivó antes. Tal vez estemos
comenzando a divisar el primero de los horizontes. A pesar de los truenos.
Habrá que seguir escarbando...
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