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por
Itxu Díaz (Director Popes80.com)
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"Quizá sea el consumidor, el seguidor, el oyente, quien deba decidir
en su casa qué temas quiere escuchar y cuales no" |
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Ya lo sé. Me he sumado mil y una veces a los
del romanticismo del single, a la defensa ciega de ese ritual de escuchar
lentamente la canción y su cara b una y otra vez. He comprendido y
compartido con Álex Díez aquellos principios por los cuales no quería
volver a sacar un disco de larga duración. Recuerdo todo eso y, en cierto
modo, también sigo pensando así. Pero hoy, como excepción, veo las cosas
de modo muy diferente.
Los discos, los LPs, son una maravilla. Me
gustan cargados de canciones. Prefiero un disco de veinticinco temas que
uno de diez por una sencilla razón: nunca sabes cuando te vas a enamorar
de aquella canción olvidada que nunca te dijo nada. Me ha pasado con
muchos de mis discos preferidos. El primer año lo escucho una y otra vez y
me entusiasmo con seis canciones despreciando el resto. El segundo año
retomo la batalla y me entusiasmo con otras seis canciones, despreciando
las dos o tres restantes. El tercer o cuarto año recupero el disco, vuelvo
a repasar todos los cortes y termino descubriendo -con la misma emoción
que la primera vez- esas dos o tres canciones que había despreciado en
anteriores acercamientos. Por eso me parece estupendo que se graben discos
con diez, quince o veinte temas. Si el disco es bueno acabas llegando a
casi todos ellos. ¡Qué satisfacción cuando uno puede presumir de que un
determinado disco le lleva acompañando durante dos, tres o más años!
Cuantos más temas tenga más fácil será prolongar su vida.
Además, es sencillo. Lo que no quiera usted
escuchar, lo salta y listo. No creo que su autor se enfade ni se sienta
despreciado. Así, entre usted y yo: no creo que su autor se entere. Y si
le aburre navegar entre tantos temas hágase un recopilatorio con las ocho
mejores canciones. Probablemente dentro de un tiempo, gracias a que el
disco es amplio, podrá volver a hacerlo con otras ocho canciones.
Hace tiempo ya que los discos de diez temas
me saben a poco. Catorce siempre me ha parecido una buena medida. De ahí
para arriba se impone el disco doble. Maravillosa experiencia por la que
en su momento pasó, por ejemplo, Duncan Dhu con 'Autobiografía'. A Mikel
Erentxun debió de gustarle aquello porque, como saben bien, hizo lo mismo
con su último trabajo. ¡Vivan los discos dobles! Me atrevo a afirmar que
casi todos los que en España se han atrevido a lanzar un disco doble
repleto de nuevas canciones lo han hecho porque tenían el talento para
hacerlo, y su resultado ha sido un éxito.
Después de tantos artículos haciendo bromas
sobre el interminable "salmón" de Calamaro y, teniendo en cuenta lo
escrito en las anteriores líneas, no me queda más remedio que rectificar
un poco mi posición sobre aquella hazaña discográfica del ex Rodríguez.
Quizá, si realmente fuera fan de Andrés Calamaro, de los de primera fila,
habría celebrado "El Salmón" como una Copa de Europa. No lo sé. Estoy
viendo ya la sonrisa de algunos. Cada vez que escribo algo de Calamaro
saturan mi correo. A ver si esta vez me felicitan por considerar oportuno
"El Salmón". No me causa ningún cargo de conciencia convertirme en la
contradicción en persona por culpa de el salmón de la Piscifactoría
Calamaro, cuando el fondo de la cuestión es que me fastidia esta obsesión
actual de algunos por hacer los discos tan cortos. Lo bueno del tiempo es
que nos va haciendo cambiar de opinión en algunos temas. Lo malo de
escribir periódicamente en algún lugar público es que tarde o temprano tu
propia bofetada boomerang te sacude en toda la nariz. Pero ahora resulta
que me gustan más los discos que los singles. Y si están cargaditos de
canciones mejor.
A la hora de grabar el disco muchos artistas
están obsesionados por seleccionar diez temas de entre decenas de
maquetas. Los diez mejores. Aunque algo siempre sea necesario seleccionar,
quizá en esa obsesión haya también muchos errores. Quizá sea el
consumidor, el seguidor, el oyente, quien deba decidir en su casa qué
temas quiere escuchar y cuales no. No quiero decir con esto que haya que
sacar discos de treinta canciones, pero al menos, por lo que yo he podido
ver en varias ocasiones, después de varios meses de trabajo en la
preparación de un disco, la subjetividad del productor, el grupo, el
compositor y el resto del equipo -hartos ya de trabajar sobre el mismo
material- se eleva al cubo descartando joyas que quizá nunca serán
grabadas o editadas sólo por esa obsesión por grabar un número limitado de
canciones.
Animo a nuestros artistas a que sean algo
más atrevidos: superen las diez canciones en sus discos. Que no parezca
que no fueron capaces de componer más.
www.itxudiaz.com
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