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por
Itxu Díaz (Director Popes80.com)
| "Y la niña, que ya no es tan niña, se acordará de Soledad y querrá abrazarse a ella de nuevo en estos momentos difíciles" |
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Casualidades
de la vida: la primera prueba de sonido que presencié en mi vida fue
la de un concierto de Presuntos Implicados. Era un recinto amplio, un
concierto compartido, creo.
Sole gritaba muchísimo mientras Juan Luis
trataba de afinar y comentaba cosas con los técnicos. Sole gritaba
exageradamente, chillaba cosas incomprensibles que retumbaban por todo el
recinto vacío ensordeciendo a los pocos presentes, que eran sobre todo
técnicos y periodistas. De pronto su voz desapareció del escenario entre
llantos. Debo reconocer que me encontraba muy lejos del escenario durante
la escena. Por eso, extrañado, decidí acercarme hacia donde estaba el
grupo y logré salir de mi asombro, por fin: Sole no estaba al mando de
aquel estridente micrófono.
Delante
de la vocalista del grupo se encontraba una minúscula niña, de
unos tres años, que disfrutaba probablemente de la tarde más divertida
de su infancia. Jugueteando con las pedaleras de los guitarristas y
robándole el micrófono a Soledad. Así, con toda la cara. Al terminar la escena, Sole,
sonriente, jugaba con la niña. Después la cogió en brazos y la llevó
junto a una mujer que observaba la escena con espanto desde el borde del
escenario. La niña iba tan encantada, de la mano de Soledad, que hasta se había olvidado
de sus llantos, esos que comenzaron cuando alguien le robó el micrófono
que retenía entre las manos con apasianada tozudez. Después el grupo al completo regresó al escenario y continuaron probando sonido, ya en
serio. Horas más tarde, dieron un concierto magistral.
Parece
mentira que, después de veintidos años de historia musical, venga yo a
contar esta estúpida vivencia personal como principal recuerdo de su
carrera. Pero, ¿qué quieren que les diga? En los próximos días decenas
de medios se desvivirán en elogios a Presuntos Implicados, publicarán
sus biografías, sus éxitos. Todo. Y quizá nadie recordará que además
de buenos músicos, son gente normal. Están hechos de una pasta que no
abunda en el mundillo musical.
Y
me niego a despedirme de ellos. Porque sé que en el fondo no se van.
Seguirán con nosotros, tal vez haciendo otras cosas en el mundo de la
música, o tal vez no. Pero sus canciones, sus arreglos, su producción,
sus guitarras, sus voces -¡la mágica y única voz de Soledad!-, su
normalidad, sus letras, su historia... seguirán con nosotros. Aunque es
muy improbable que el grupo levante el vuelo sin Soledad y aunque nunca
sería lo mismo, todos ellos seguirán vinculados a lo que ha sido el
centro de la mayor parte de sus vidas: la música, la buena música.
Hoy,
la niña del escenario, habrá crecido y no será tan niña. Hoy podrá
leer en cualquier periódico que su querida Sole podría estar pasándolo
mal. Que una decisión así, por muy meditada y muy bien tomada que esté,
siempre provoca alguna lágrima. Que son más de veinte años de éxitos,
de estadios repletos, de pequeñas salas, de fotografías, de apuros, de
sonrisas, de llantos y alegrías. Mucho tiempo, muchos recuerdos.
Y la
niña, que ya no es tan niña, se acordará de Soledad y querrá abrazarse
a ella de nuevo en estos momentos difíciles, aunque sólo sea para
devolverle aquella tarde inolvidable que le brindó en su infancia. Para
recordarle lo mucho que hemos cambiado.
Y
todos los fans de Presuntos Implicados, hoy, tienen esa sensación y esos
mismos deseos de gratitud. Como los de la niña de ojos brillantes de
aquella prueba de sonido. Todo esto, aunque no lo parezca, dice mucho del
grupo.
Me
sumo a la pequeña y presunta adolescente y a esos fans: Gracias
Presuntos.
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