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por
Itxu Díaz (Director Popes80.com)
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"Todo queda atrás aunque, por suerte, el camino no es recto y
muchas veces volvemos a cruzarnos" |
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Si algo recuerdo de los comienzos de
este portal es la colección diaria de mails de amigos lectores o lectores
amigos. Sobra esto, falta lo otro, me encanta esta noticia, me apasiona
esa nueva sección. "¿Para cuándo una fiesta?", el argumento más repetido
en decenas de correos. Lo que no había tanto y sí hay ahora, quizá, son
correos promocionales, peticiones diversas, colaboraciones interesantes,
propuestas de envergadura... mails anónimos al final.
Y a veces, entre la oscuridad y
frialdad cibernética que ofrece Popes80 cuando ya ha entrado bien la
madrugada, lo pienso: ¿dónde estarán? ¿Seguirán ahí? ¿Estará ahí, al otro
lado de la pantalla, Carlos, Lucía, Pedro, Juan José, Alberto, Sandra,
María, Miguel, Antonio, Paloma, Gustavo, Dolores, Maria José o Paco?
¿Seguirán todos ellos ahí? Esos que nos levantaban el ánimo, en los
sorprendentes primerísimos tiempos de Popes80, cuando navegábamos sin
rumbo fijo, con la única bandera de la ilusión por dar a conocer el pop
español de calidad, el de siempre, de ayer y hoy. Bandera que, por cierto,
permanece izada en o alto, intocable, intachable, inmutable.
No es fácil saberlo. De vez en cuando
llegan esos mensajes que vienen encabezados por un "os sigo desde el
primer día" y se para el tiempo. Suena el despertador del recuerdo y se
afrontan con mayor intensidad los siguientes párrafos. No sucede a diario,
no sucede tanto como nos gustaría, no sucede tanto como antes. A veces, no
es el correo, no es Internet, sucede en directo. Cuando se encienden las
luces en cualquier fiesta de Popes80 y se iluminan sus caras sonrientes,
disfrutando una más y luego te escriben para contarlo. O cuando aparecen
mientas presentamos un libro, o a pedir una canción en una sesión Popes80.
Alguien me dijo un día que esa es la
inevitable condena de quien no deja de caminar. Que va dejando atrás
paisajes, ciudades, pueblos, amigos, conocidos y hasta enemigos. Todo
queda atrás aunque, por suerte, el camino no es recto y muchas veces
volvemos a cruzarnos. Dejar atrás todo esto también es la prueba
científica que demuestra nuestro avance, que recorremos caminos al andar.
Que aburrida e inevitable -al mismo tiempo- resulta esa manida metáfora
del caminante.
Cierro esta Costa sabiendo lo mismo que
antes de empezar a teclear. Pero tal vez Carlos, Lucía, Pedro, Juan José,
Alberto, Sandra, María, Miguel, Antonio Paloma, Gustavo, Dolores, María
José, Paco y todos los demás hayan caído por este acantilado en forma de
columna y se decidan mañana a disparar una bengala en alta mar, en la
firma electrónica de un correo fugaz. Así sabremos que están ahí. Porque
en el fondo, están como siempre han estado. O eso creo.
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