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por
Itxu Díaz (Director Popes80.com)
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"Me gusta ver sonreír a Jaime Urrutia, porque es el mejor
termómetro para saber cómo están todos los de siempre, los que llevan
toda la vida haciendo rock en España" |
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Las personas normales, cuando lo quieren
adornar, dicen que se han emborrachado, que están beodos o beodas, que se
han embriagado, o reconocen abiertamente que están como una cuba. Tampoco
es necesario mucho apunte ante osadías léxicas de este calibre. Palabrería
de mayor o menor exotismo para recorrer un mismo camino y llegar a
idéntico destino. Cuando se junta la querida chusma rockera española -la
buena y la mala- de entre la amalgama, uno se distingue por su forma de
hablar, por su elegancia en el gesto y por su especial manera de esculpir
con celo las palabras al cantar, precisando su entonación y matiz desde el
principio hasta el final. Una a una. Con la torería de quien sabe que esta
noche, en el peor de los casos, acabará bolinga, bolinga, como tan sólo él
sabe cantarlo.
Me apetece hoy decir aquello de que Jaime
Urrutia es un tipo peculiar. Pero de tipos peculiares, y peculiarmente
idiotas, está el mundo lleno, y más aún el mundo del espectáculo. Así que
prefiero decir que Jaime Urrutia es un tipo especial, distinto, un músico
que lleva veinte años elevando el listón de su gremio, mientras otros
hacen muy bien el payaso y se llaman a sí mismos "artistas". Hacedores de
arte, dicen tan panchos. Pero él tiene la actitud, la honestidad en la
canción, la severidad ante la crítica -que ha sido durante años implacable
y plomiza contra él como contra nadie-, la sonrisa sincera cuando todo va
bien. Quizá por eso me gusta ver sonreír a Jaime Urrutia, porque es el
mejor termómetro para saber cómo están todos los de siempre, los que
llevan toda la vida haciendo rock en España.
Jaime Urrutia acaba de editar un directo, el
primer directo en este puñado de años de rock que lleva a sus espaldas. En
un texto que acompaña al disco reconoce que nunca ha sido "un ferviente
entusiasta" de los discos en directo. Sin embargo, confiesa también que ha
sido "una experiencia mucho más apasionante y enriquecedora" de lo que se
esperaba al principio. Y no me extraña. He estado viendo esta mañana el
resultado del DVD que acompaña al disco. Me han atrapado todas las
canciones. Incluso aquellas que -desconozco por qué- no había escuchado
nunca. Me han fascinado especialmente las colaboraciones.
Loquillo, de blanco elegante y sonrisa de
cine antiguo americano, recita con estremecedora tenebrosidad en "Dónde
estás", al vapor suave de la copa de champán -tal vez cava traído por El
Loco- que corona la estampa y la hace genial. Iván Ferreiro, respetuoso y
entusiasta, lo borda en "Mentiras", lanzando a cada estrofa su mirada
hacia Jaime, como buscando la aprobación del adalid de la ceremonia, de
quien es fiel y reconocido admirador. Rubén y Leiva de Pereza llegaron
entre loas de Jaime Urrutia, que los sitúo, con un austero comentario, a
la cabeza del rock juvenil del momento, y se marcharon con la ovación de
todo Joy, tras compartir "Cuatro Rosas". Jorge Drexler, silencioso y
sutil, aportó la paz acústica y la revisión a "Pitusa", sin dejar un
instante de disfrutar parte de su sorprendente letra, mano a mano y a
solas, con Jaime Urrutia. Enrique Bunbury llegó para realzar una de las
canciones más populares de Gabinete Caligari, "El calor del amor en un bar".
No la engulló de un solo bocado como muchos podían esperar, quizá quiso
dejar algo a los demás, pero sí se tragó de golpe el escenario y las dudas
de quien las tuviera, al pasear cómplice con su característica voz, junto
al autor de la letra, por cada rincón del texto y por cada acorde de la
música. Y llegó Ariel Rot, para lanzarse a hacer resbalar los dedos,
ágiles por el mástil de la guitarra, sin apenas permitir, en esta ocasión,
que el público escuchase su voz en "Qué barbaridad". Aunque a fuer de ser
sinceros, el público atronaba cantando al unísono la letra de una de las
canciones de mayor popularidad de la etapa en solitario de Jaime Urrutia.
En el DVD no hay tiempo para asimilar la
original aportación del que fue gran guitarrista de Los Rodríguez, porque
llega Amaral. Llega vestida como canta, cubierta con el color de "las
hojas secas al pasar", dispuesta a tejer en el techo de Joy una versión de
"Camino Soria" que ya es oro sobre oro. Indiscutiblemente acertada esta
colaboración. Amaral se ha convertido en la voz de España, con permiso de
las demás. Sabe adaptarse a la compañía del escenario, respetar las formas
de los autores en los duetos, elegir bien las colaboraciones. Gol por la
escuadra de Jaime Urrutia con este revitalizado "Camino Soria", eterna
bandera de su larga travesía musical. Después Loquillo vuelve a salir, no
para recitar, sino para ponerse un nuevo traje, el de "Caray". "Le queda
como anillo al dedo", se comenta entre bambalinas, ¿acaso alguien no
esperaba su presencia en el escenario, en cuanto llegase aquello de "ser
distinguido es una gran cualidad"?
Después de subir a "En Joy" a la gran
superventas -merecidamente- española, que es Amaral, no podía faltar en el
cierre de la fiesta el gran superventas español del momento, Dani Martín.
Y la verdad es que el líder de El Canto del Loco no deja de sorprenderme:
también, cada día escoge mejor sus colaboraciones, cada día es más
conocido y cada día le importa menos y cada día lucha contra la batalla de
esa estupidez llamada divismo, que siempre le da otros y los pudre. Y es
que en este disco, la voz rasgada de El Canto del Loco se abraza con
melanconlía a la que siempre ha sido mi canción
preferida de Gabinete Caligari, "La sangre de tu tristeza". Y además lo
hace con devoción. Y viste una camiseta de Los Ronaldos, que sacaron su
primer disco cuando la gran mayoría de los fans de Dani Martín no estaban
ni proyectados. Eso es actitud. Rock and roll. Lo opuesto al oportunismo.
Ahora entiendo por qué Jaime Urrutia ha
tardado tantos años en hacer un directo. Sólo podía hacer este. Él es así.
O lo borda o lo tira por la borda, como canta Quique González en su
'Ajuste de cuentas'. De Jaime se se ha escrito también que pronuncia como
nadie la palabra "cartel". Y no lo ha escrito un cualquiera. Lo ha escrito
hace muy poco Manuel España, cantante de La Guardia, en el libreto de su
último disco. Se lee en los agradecimientos: "A Jaime Urrutia por decir
'cartel' mejor que nadie". En ese magnífico corte 8 del último disco de La
Guardia cantan, junto a Manuel España, Johnny Cifuentes de Burning y Jaime
Urrutia. La estrofa que interpreta el que fuera líder de Gabinete Caligari
dice así: "Me voy muy lejos de aquí / no quiero más promoción / ni que el
manager me diga / no das en televisión / voy a colgar un cartel / cerrado
por diversión". Es cosa de escucharlo. Háganlo y verán. Desde entonces
creo que sólo Jaime Urrutia dice "cartel", el resto decimos otras cosas
más vulgares. Tampoco se lo tomen al pie de la letra.
El viernes tendremos a Jaime Urrutia en
POPES80 FM. Una visita ilustre para presentar uno de los mejores discos de
este 2007. Un amigo o conocido común, cuya identidad no recuerdo, me
explicó que a Jaime Urrutia esto de recibir elogios en público le gusta
más bien poco. Por eso me andaba yo por las ramas al empezar este
artículo. Lo que pasa que a mitad de trayecto, y repasando su nuevo "En
Joy" lo he pensado mejor y he llegado a la conclusión de que a mí, en esta
Costa y sin que sirva de precedente, me da igual lo que prefiera él. Si no
le gusta recibir elogios que se aguante. Total, a mí tampoco me gusta
estar todo el día haciendo amigos. Y además, aunque el título de esta
Costa habla de una prescindible bolinga, el fondo de estos párrafos es de
profunda justicia.
En fin. En fin y "En Joy", mejor dicho. Me
largo a escucharlo otra vez.
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