|
por
Marta Galán (Redacción Popes80.com)
| "Madrid
es la ciudad sin ley y las horas y yo echaremos un duelo a muerte a
partir de la segunda quincena de mes" |
|
Publicidad
|
|
|
Ya está aquí el verano. Y no porque las
piscinas se abran de nuevo, ni porque los helados nos chorreen por las
manos mientras intentamos absorber una bocanada de aire congelado, ni
porque lo mande el termómetro, ni siquiera por los días de playa que
vendrán... El verano está aquí porque todos se van. Porque por Madrid pasa
cuando no queda nadie. Yo sé cuándo ha empezado el verano porque Indras
vuelven a casa. Porque el calendario deja de tener tantas fechas de
conciertos señaladas, porque los porteros de mis bares favoritos ya no
hablan de lo que me perdí la noche anterior, sino de un mes entero
desaparecidos, porque mis clases de batería se suspenden hasta septiembre
y las novedades musicales escasean. Los festivales y las giras se van con
la música a otra parte y capital, si te he visto, no me acuerdo. Madrid es
la ciudad sin ley y las horas y yo echaremos un duelo a muerte a partir de
la segunda quincena de mes. Tengo todas las de perder. Pero de momento
queda vida en la ciudad.
El jueves pasado fuimos a despedir a Indras en la sala Liberata. Como cada
año por estas fechas, emigran a Alicante hasta septiembre (este vez con la
ilusión del disco que saldrá a la vuelta del verano), así que fuimos a
decirles adiós. A pesar de la pena que me da que ellos también se marchen
y a mi poca disposición ante semejante perspectiva, no pude más que
disfrutar de nuevo. Creo que ya lo he dicho alguna vez, pero lo repetiré:
el que tenga ganas de buena música que vaya a conocerlos. Me divertí,
entre otras cosas, porque llevé a unos amigos para que los conocieran y
cuando los miraba de reojo tenían esa cara que ponen los músicos cuando
les hablas de música. Los músicos pueden estar en mil cosas a la vez, ir
de un lado a otro, saludar, hablar, beber... pero cuando se habla de
música parecen poner toda su concentración en el momento. Me decían:
Marta, tienes razón, estos tíos suenan de “puta madre” –frase textual-.
Ahí están los cinco- pensaba, orgullosa de ese comentario- siempre con las
mismas ganas, siempre dando lo mejor en cada concierto. A ver quién se
resiste a eso.
Lo bueno cuando tocan en este tipo de locales es que podemos disfrutar de
todas sus caras. Un poco del disco anterior, temas del próximo trabajo,
versiones y alguna que otra canción olvidada en el camino. Tan pronto
puedes estar escuchando un poco de rock and roll como que te encuentras
con una divertida canción de amor de lo más pop.
Luego se acabó el
concierto y volví a mi lucha de la temporada, a arañar el poco tiempo que
queda antes de que Madrid se convierta en una ciudad fantasma como Comala
y yo, en una especie de Pedro Páramo. Y por cierto, es el consuelo del
verano, que tras Mala Suerte, El canto del loco y otro concierto por las
afueras, siempre puedo
leer y leer hasta quitarme un poco el mono de música. Felices vacaciones.
|