|
por
Marta Galán (Redacción Popes80.com)
|
"Me consuela saber que todos estamos prácticamente en la misma
situación" |
|
Publicidad
|
|
|
Los propósitos, propósitos son.
-Y dime, Marta, ¿cuáles son tus propósitos para este nuevo año?
-¿Y los tuyos?
Me puse un poco a la defensiva porque me pareció una pregunta trampa. En
ese momento no sabía muy bien qué significaba “propósito”. No sabía si
estaba firmando mi sentencia de muerte, si el 1 de enero de 2008 se me
podría castigar por incumplimiento de contrato, así que preferí inventar
que estaba todo muy bien, como siempre.
Cuando despedí tan entrañable llamada navideña, fui al diccionario.
Propósito: “ánimo o intención de hacer algo”. Intención: “determinación de
la voluntad en orden a un fin”. Voluntad: “libre albedrío”. ¡Así que libre
albedrío! Sólo cuando leí esas dos palabras me sentí mejor. Sabiendo a lo
que se refieren cuando me preguntan por mis propósitos, ahora digo todo lo
que me gustaría cambiar pero que no tengo por qué hacer si no quiero. Es
más, puedo hacer justo lo contrario sin sentirme culpable. Eso es lo que
entendí y eso, probablemente, es ya un presagio de cómo voy a acabar 2007,
pero es lo que dice el DRAE y si alguien me lo discute lo remitiré allí.
Un propósito, por (mi)deducción, es como un sueño, así que mi lista, en la
que por cierto llevo desde el día 31 trabajando y que ya está casi
terminada, es increíblemente larga. Como no todo es pedir, también hay
cosas en las que puedo esforzarme un poco. Puedo intentar llegar puntual a
los conciertos (que no se repita eso de entrar y escuchar “buenas noches
Madrid, gracias por haber venido”). Quiero ser más ordenada y no mezclar
mis cedés de The Cure con los de Guaraná, por ejemplo. Que cuando abro la
caja y veo a Robert Smith en la furgoneta del amor me quedo un poco
sorprendida, la verdad. Voy a tratar de ser menos sincera: cuando me piden
una opinión “sinceramente” después siempre tendría que haber sido más
diplomática. Tengo que evitar dejar todo para el último momento, aunque
eso está difícil; si hice una entrevista la transcribo y la envío, y no la
guardo en el baúl de los recuerdos. Tengo que mantener la calma cuando me
encuentre con mi músico favorito (así no me tropezaría con algo cada vez
que lo veo). Tengo que escuchar esos grupos que creo que no me van a
gustar y abrir más los oídos, quejarme menos cada vez que escribo, llamar
a ese teléfono que cogí para dar clases de batería, leer las biografías
pendientes... Todo eso y muchas cosas más. Me consuela saber que todos
estamos prácticamente en la misma situación; que los gimnasios están a
tope, que las academias no dan abasto y que con un poco de intención, algo
puedo lograr, que, como me está cantando Sabina en este momento, “más raro
fue aquél verano que no paró de nevar”. |