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por
Marta Galán (Redacción Popes80.com)
| "Salí de allí, y supongo que muchos de los que estaban en el Palacio de Congresos, con la sensación de que no le faltó nada, de que no podía haber sido mejor" |
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Quique
González y la Ray Band pararon en Madrid, a mitad del recorrido de la
gira “Desajuste de cuentas”, el pasado viernes 9 de junio. Fuera del
Palacio de Congresos llovía a ratos, mala noche, pero dentro, ya sentados
en las butacas, con el calor de más de 1.500 personas y con un esperadísimo
concierto a punto de empezar, estábamos en la gloria. Y aún nos íbamos
a sentir mejor. Casi con puntualidad llegaron los primeros acordes de la
noche. Quique González, Javi Pedreira a la guitarra eléctrica, Johnny
Jurado a la batería, Jacob al bajo, Senperena en los teclados... y
durante dos horas y media el repaso del último trabajo, “Ajuste de
cuentas” y bueno, de todos los anteriores, con muchas, muchísimas
sorpresas.
“Kamikazes
enamorados”, “Crece la hierba”, “Por caminos estrechos”...
Aunque al principio parecía que nos costaba, poco a poco íbamos entrando
en materia. Y de pronto, en el escenario, el gran Jose Ignacio Lapido
(091) y Quique compartiendo “Kid Chocolate”. Después de “Caminando
en círculos” y tras casi media hora, nos hicimos definitivamente con el
auditorio, y con “Miss camiseta mojada” ya no había quien nos parase.
Nada sonaba igual. Ya nos había advertido al empezar la gira: “No veo
mucho sentido en reproducir lo que ya está grabado en las mejores
condiciones de un acústico, así que vamos a hacer rock and roll”. Estábamos
avisados, sí, ¿pero cómo íbamos a esperar todo aquello?
“Arañazos
de piel roja”, “73”, “Polvo en el aire”, “Superman”... Todo
era diferente y resultaba sorprendente ver lo inmersos que podíamos estar
en cada una de las canciones. Con sus bromas y anécdotas nos tenía a
todos en el bolsillo. Y se notaba. Después vinieron “Vidas cruzadas”,
la mágica “Rompeolas”, “Personal”, -dedicada a los
incondicionales que han estado con él desde el principio-, y “Bajo la
lluvia”. ¿Todo el mundo está contento? Nos preguntó entonces. Lo estábamos.
Y mucho. ¿Por qué no nos daba ni una oportunidad para cerrar la boca?
Nos trajo entonces otro regalo inesperado: allí aparecieron Pereza para,
cómo no, acelerarnos con su versión de “Hotel Los Ángeles”. Después
de esto necesitábamos un poco de estabilidad, y Quique se sentó al
teclado para tocar “Años 80”, de los Piratas. De nuevo con una versión,
nos presentó un tema de su amigo Diego Vasallo, “La vida te lleva por
caminos raros”.
El
regreso de Eduardo Ortega y “Fito” acunada por su violín fue otra de
las alegrías que nos llevamos. Después, se quedó para el siguiente
tema, y acompañó a Quique y a Ismael Serrano, que también acudió a la
cita, en la retocada “Días de Feria”. “Días que se escapan”,
“Por la borda” y “Pequeño rock and roll” pusieron el broche...
semifinal. Como Quique bien dijo, nadie pensaba irse de allí sin escuchar
“Salitre”. Tuvo también un huequecito para recordarnos a Billy
Preston, que falleció hace sólo unos días, con “You are so
beautiful”. Las últimas canciones de semejante noche fueron “En el
backstage” y (mi favorita, una buena despedida) “Te lo dije”. Salí
de allí, y supongo que muchos de los que estaban en el Palacio de
Congresos, con la sensación de que no le faltó nada, de que no podía
haber sido mejor. Un atracón de Quique González necesario para aguantar
el tiempo que estaremos sin verle aquellos que no tengamos la suerte de
poder acudir al resto de conciertos de esta espectacular gira (www.quiquegonzalez.com).
Y qué ganas teníamos de estar con él.
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-Javier Andrada (30/06/06) No pongo un cero al artículo porque no me deja el formulario, de igual modo pondría un cero al concierto...
En la "crónica" no hace alusión al ruido insoportable que tuvimos que soportar en varias canciones sobre todo cuando había más de una guitarra en el escenario, por no hablar del estado lamentable de Quique Gonzalez, que parece que eso de vender más discos de la cuenta le viene fatal, desafinó como nunca y se tambaleba de una forma arítmica. No llevó nuca el ritmo del concierto, cuando la gente estaba entregada, al momento recurría a alguna canción para que ese entusiasmo se paliase...no es una opinión aislada...la mia.
Una cosa es que te guste una cantante y otra muy distinta es que hagan lo que hagan nos parezca bien, lo digo porque soy de los que conoció a Quique Gonzalez con el disco de Personal y tocando en el Honky Tonk, es una lástima que alguien que depues de la muerte de E. Urqujio y con A. Vega ya bastante machacado, que era la esperanza de quienes nos gusta el pop-rock de calidad nos soprendiera con este espectaculo tan poco grato.
Saludos.
Lucía (30/06/06) Me encantaaa
Quiqueee!!!
sergio (30/06/06) envidia insana. Sí, insana, porque la envidia de verdad, la que te mastica la carne por dentro, nunca será sana, por mucho que no implique el desearle mal a nadie. Envidia insana, por no haber estado allí, porque tal y como lo cuenta Marta dan ganas de apuntarse el tanto, de poder decir orgulloso "yo viví todo aquello", la noche en que Madrid y la música se volvieron a dar la mano para el deleite de un puñado de afortunados. Qué grande Quique, qué grande Marta, y qué envidia más insana. Insana, anglicismo prestado del inglés "insane", "loco", porque desde aquí echo de menos vivir una locura tal para los sentidos.
Enhorabuena a los dos... y mucha envidia de todos los presentes.
cesar gonzalez (06/07/06) "personal"mente
estoy un poco cansado de que los seguidores de
quique siempre nos estén recordando la cantidad de
años que hace que lo conocen y que lo siguen, como
si los que lo acabamos de conocer fueramos de
segunda categoría. es una estupidez que tengo que
oir con bastante frecuencia. que alguien lo vio en
otros bares antes? pues estupendo. puedes opinar
que lo puede hacer mejor, pero no decir que lo que
hizo no valió nada.
por otro lado creo que marta también ha obviado
momentos que no fueron tan brillantes, comparto la
opinión de que el sonido no era muy bueno y que no
nos dejó recrearnos en las canciones que nos
gustan. estaba por encima y no se mezcló con
nosotros. De todas formas siempre es un placer ver
a quique
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