|
por
Arancha Moreno (Subdirectora Popes80.com)
|
"Me dejaba llevar, aun cuando otras veces había preferido estar en la
distancia, disfrutarlo de lejos" |
|
Publicidad
|
|
|
Dicen que es un maestro, y de esos hay pocos. Yo nunca he ido al
conservatorio, ni he estudiado piano, ni he escrito una canción. Apenas
distingo un acorde mal tocado, a no ser que conozca un tema a la
perfección. Pero sé que me gusta escuchar y saborear sus canciones. A cada
nueva escucha, descubro una imagen nueva, un sentimiento distinto. No hay
nada tan mágico como, después de un tiempo, encontrar matices que antes no
habías disfrutado. Y con él, a mí me pasa.
El otro día volví a verle en directo. Pero esta vez fue a más. Se acercó
un amigo suyo, y me preguntó si quería conocerle. Dije que sí, sin saber.
Dije que sí, aun cuando sé, que jamás me he atrevido a acercarme y decirle
que me gustan sus canciones, que se me eriza la piel cuando le escucho
cantar, que, de alguna manera, me traspasa su música. Dije que sí, porque
decir que no se me antojaba un gran error.
El camino hacia él fue tan corto, que no me dio tiempo a reparar en lo que
estaba haciendo. Me dejaba llevar, aun cuando otras veces había preferido
estar en la distancia, disfrutarlo de lejos. Me acerqué, y sentí como mi
boca se vaciaba de palabras. No es que estuviera nerviosa, es que
cualquier conversación se me antojaba banal, redundante, pequeñísima en
comparación con sus canciones. Le miré de cerca, y sentí esa melancolía
que le rodea. Por un momento me olvidé de que era una persona normal, tan
fuerte, y tan frágil, tan grande, y a la vez tan pequeño.
Cruzamos dos palabras, y eso fue lo más que pude decir. Me hubiera gustado
que lo supiera, pero no supe darle las gracias, por dar lo mejor y lo peor
de sí mismo, en cada letra. Tiempo después, recuerdo ese instante, y
pienso si me pasará lo mismo la próxima vez, si es que la hay.
Seguramente, sí. Y seguro que no soy la única que pasa por ello. Sólo hay
una cosa que le diría. “Yo no escribo canciones, pero sí escribí un
cuento para ti”. Sin princesas ni dragones, sólo un cuento de alguien que
lo perdió casi todo, pero al que la vida le regaló un final feliz. Ojalá
sea así.
|