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por
Itxu Díaz, Director Popes80
director@popes80.com
El verano se ha presentado en
nuestro país casi a tortas con la primavera. Ya han ascendido las
temperaturas y los fantoches de turno bajan sus ventanillas para ofrecer música
playera al resto de compañeros de semáforo. Las ropas se vuelven finas,
los andares cansinos y los cuerpos buscan sonámbulos esquinas a la
sombra. Es el verano, o casi.
En estas fechas los conciertos al
aire libre se multiplican, los locales de copas con terrazas se llenan y
los hombres sienten un extraño impulso por apuntarse a cualquier
actividad nocturna lúdico-musical. Las orquestas comienzan a llenar las
arcas que luego les permiten sobrevivir al frío invierno y los grupos de
rock aprovechan también el momento para ofrecer en directo lo mejor de sí
mismos, en algunos casos, y lo peor, en otros.
A medida que se aproximen los
meses vacacionales por excelencia, las discográficas lanzarán más y más
productos plastificados y embasados: listos para ser consumidos a gran
velocidad. Son esos discos que brillan en agosto y a finales de septiembre
se pudren de polvo entre la arena de una playa ya desierta o el estante
olvidado de ‘recuerdos del verano’. En muchos casos lo perfecto sería
que llegasen ya podridos de fábrica.
Pero hay veranos y veranos y este
tiene mejor color que otros. Hemos tenido agostos insoportables, donde
todas las fiestas del mundo están entregadas a la patraña sudorosa de la
música latina como única opción posible. Hemos tenido julios donde las
orquestas sólo pueden rendirse al boom boom y la salsita que
supuestamente nos parió y que, como sabemos, en realidad, no nos parió.
Se trata de un producto incrustado, una cultura musical cuyas raíces en
España no están nada claras y, de estarlo, son de hace dos días.
Como decía, este verano parece
ser más esperanzador. Tenemos la vacuna. Los éxitos del verano, de una u
otra forma, han existido siempre. Resulta duro comparar el Aquí no hay
playa con El bichito, aunque si somos justos –que no tenemos
por qué serlo- debemos considerar que ambos han sido éxitos del verano.
Este año tenemos dónde elegir. Esto es en realidad una carta abierta al
público, pero también a quien se encarga en cada ciudad, en cada pueblo,
en cada ayuntamiento, en cada comisión de fiestas... a quien se encarga
de contratar las actuaciones. Quizá muchas estén cerradas ya. Pero hay
que pensar que aunque la efímeras estrellas de la música de consumo
inmediato estarán en cartel, este año hay otros muchos grupos de rock y
pop sincero –y muy ligero y veraniego en muchos casos- girando por el país
durante el verano. Que estén por ahí La Guardia, Los Limones, La
Frontera, Seguridad Social, La Unión, Tennessee, El Norte y tantos otros,
debería darnos cierta seguridad.
No podremos deshacernos de la salsita
veraniega –al fin y al cabo en pequeñas dosis no resulta tan
venenosa y menos en el contexto de los chiringuitos veraniegos- pero al
menos, podremos exigir a los DJs un poco de variedad sin que nos respondan
‘eso ya está muy pasado’ con la consiguiente cara de imbécil que se
te queda. Sin duda, la posibilidad de exigir variedad, será la mejor
vacuna para soportar otro verano más de ventanillas bajadas rompiendo con
residuos musicales contaminantes el silencio que brindan las tardes
agosto.
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