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Popes80 | 22 febrero, 2020

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Noche memorable con 091 en Málaga

Noche memorable con 091 en Málaga
Francisco Reina

La gira de presentación de La otra vida, tras su exitosa Maniobra de resurrección, que supuso su vuelta a los escenarios veinte años después de su disolución, recalaba el pasado sábado en la malagueña sala La Trinchera, que había colgado el cartel de «No hay billetes», y 091 no defraudó a sus seguidores, a los que les brindó un concierto de casi dos horas en el que entreveró los temas nuevos con un buen puñado de clásicos de su cancionero. Una noche memorable.

Mantienen como intro la excelsa banda sonora del western Hasta que llegó su hora, que firmó el gran Ennio Morricone y que precede a Vengo a terminar lo que empecé, tema con el que se abre La otra vida, disco con el que han hecho felices a sus fans 25 años después. 

El quinteto de la última etapa de la banda ha devenido en sexteto con la inclusión de Raúl Bernal, un acierto, pues aporta los matices de los teclados que solían grabar en el estudio, pero que no tenían presencia en los directos. 

Suena otra de las gemas del nuevo disco, Condenado, y El baile de la desesperación, un clásico inmarcesible y poderoso, con el que hacen vibrar al respetable. Otro himno, Zapatos de piel de caimán. El público corea cada canción y disfruta de lo lindo. «Después de haber resucitado, comenzamos nuestro tránsito por esta nueva vida. No todo el mundo puede decir que ha nacido de nuevo», espeta José Antonio García.

Así, irán intercalando canciones de nuevo cuño, como Mañanas de niebla en el corazón, medio tiempo cuyo inicio recuerda a Streets of Philadelphia, de Bruce Springsteen, y que en directo suena a gloria bendita; con sus temas de siempre: Este es nuestro tiempo, Huellas, Tormentas Imaginarias o Cartas en la manga, brillante aleación de rock con melodía y orfebrería pop.

Por el camino que vamos suena luminosa pese al mensaje de escepticismo marca de la casa que encierra. Animan al respetable a tocar las palmas en varias ocasiones y recurren a baladas, como La noche que la luna salió tarde, como contrapunto.

Y sin solución de continuidad, otro de sus temas bandera, En la calle, que enlazan sabiamente con Al final, en el que El Pitos aporta su toque genuino de armónica. Otro himno. Suenan como un tiro.

Dos temas excelsos de una tacada, Un cielo color vino y La canción del espantapájaros, espectacular intro con la armónica a lo western incluida. Apoteósicos. Otro clásico, La torre de la vela. Y uno más, La calle del viento, con el que dicen adiós tras una hora y cuarto que se ha pasado en un suspiro.

Ya en los bises, vuelven con Soy el rey, tema intimista que cierra La otra vida. «Hemos resucitado gracias a vuestras plegarias, por eso estamos aquí», confiesa José Antonio García, antes de arrostrar Leerme el pensamiento, que engarza con Esta noche y Qué fue del siglo XX, que suenan como recién paridas. Se despiden por segunda vez, pero aún habría tiempo de que interpretaran Otros como yo, potentísima, espectacular, y la guinda, La vida qué mala es.

Fotografías de Salva Martín.

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