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Popes80 | 13 abril, 2024

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El Norte: «Fuimos el primer grupo lanzado a través de un spot de publicidad»

El Norte: «Fuimos el primer grupo lanzado a través de un spot de publicidad»
Alberto García Valdegrama

Hablar de El Norte es, inevitablemente, hablar del inolvidable éxito de 1988, Entre tú y yo, la canción del anuncio de De Beers, que era entonces la compañía de diamantes mas importante del mundo. Pero el grupo liderado por Carmelo López continuó su andadura hasta el 92, cuando logró su mejor momento, y tras idas y venidas sigue vivo en la voz y la guitarra del vocalista. Charlamos hoy con Carmelo López sobre los comienzos, el presente y el futuro de El Norte.

¿Qué tal la vida en un pueblo?
Pues me compré una casa de campo antigua para reformar, hace ocho meses, y ya me quedo aquí, en Ampuero, al lado de Laredo y a treinta kilómetros de Castro Urdiales y de casi todo. Seremos unos ochocientos habitantes, pero mi barrio, que es como una pedanía, solo tiene veintitrés. A la hora de componer y grabar eso está muy bien porque no molestas a los vecinos aunque metas todo el ruido que quieras.

¿Cómo te formaste como músico?
No me formé como músico en ninguna escuela. Fui al Conservatorio a toro pasado, cuando ya me sabía casi todo de la música, sí estudié solfeo más adelante. Pero no, nunca tomé clases, fue todo de oído como muchos músicos conocidos. Fui siempre autodidacta, he tocado varios instrumentos y he tenido la fortuna de no necesitar a alguien que me enseñe.

¿Recuerdas tus primeros pasos en la profesión?
En la profesión fue dar el salto del local de ensayo donde estábamos a que nos llamara un productor de Madrid, Julián Ruiz de la Cadena Ser, para que grabáramos nuestro primer disco y es cuando ideamos El Norte y nos convertimos en profesionales al ganar dinero con ello. Pero antes de eso ya llevaba diez años en un grupo con mi hermano. 

Hablas del grupo K2
Efectivamente. Interpretábamos un repertorio propio de rock sinfónico y alguna versión de Pink Floyd, Genesis y cosas así. Ahí tocaba la guitarra con dieciséis años. Lo llamamos así porque en el grupo éramos montañistas, alpinistas y espeleólogos.

¿Con qué instrumentos actuabais?
Mis dos tíos eran los dos teclistas, uno de ellos -Javeta- llevaba dos o tres teclados y el otro, José Manuel, llevaba un piano de cola. Cuando actuábamos en Castro Urdiales, a hombros lo transportábamos del local de ensayo a la Plaza. Y en las actuaciones en las que teníamos que prescindir del piano de cola, José Manuel no tocaba.

¿Sienta bien empezar una carrera con un gran éxito como Entre tú y yo?
No, en absoluto. Es algo contradictorio y paradójico, porque pasamos de hacer música en plan no comercial a que nos dijeran, aunque nos valoraban mucho, que teníamos que hacer música comercial para poder vivir de ello. Con el rock sinfónico y aquí en España era difícil. Empecé a hacer canciones pop cuando nos llamaron para hacer el disco La cabaña de la colina, disco que luego se transformó mucho cuando estaba terminado, porque surgió una campaña de una firma de diamantes. Me dijo el productor que hiciera una canción para un anuncio televisivo con la que iba a competir con otros artistas. Hice muy rápido la canción y me dijo que se iba a incluir en el disco y que iba a ser el primer single. Yo no estaba de acuerdo porque la cuestión de los diamantes no va conmigo. Y luego se convirtió en ese hit. Fue contradictorio un poco. Me fastidió, pero a la vez fue el despegue masivo del grupo.

Entonces, ¿Entre tú y yo se compuso y nació originalmente como jingle de publicidad para la marca De Beers?
Exactamente. Para spot de televisión, y tuvo su historia porque fue el primer lanzamiento de un grupo a través de la publicidad televisiva. Luego ya lo hicieron muchos más grupos, pero esa fue la primera vez que se unía una campaña publicitaria al lanzamiento de un grupo. Como marketing estuvo muy bien y además se emitió en Navidad. De Beers es la empresa de diamantes más importante del mundo. Como anécdota te cuento que en la presentación del disco en la discoteca de súper moda Archy de Madrid, en la entrada, a ciertos periodistas, les regalaron un mini diamante, que ahora estaría valorado en trescientos o quinientos euros. Y también recuerdo que como tenía que hablar estaba tan nervioso que me tomé una copilla y salí muy borracho a saludar. Tremendo.

Demasiadas emociones encontradas, imagino...
Exactamente. La primera fue salir de un pueblo como Castro Urdiales, llegar a Madrid, alojarnos en un hotel de lujo… todo un cambio.  Ahí fue donde me di cuenta que la música no era del todo música, que era un gran negocio, y eso no me gustó mucho. Pero bueno, es que es así.

¿Qué momento preciso de tu carrera te es especialmente inolvidable?
Desde el punto de vista como grupo fue la Expo 92, donde hicimos un gran concierto con todo tipo de tecnología punta. La pantalla que había detrás nuestro era la más grande que se había hecho nunca, gigantesca. Fue muy impactante a nivel profesional hacer ese concierto. Además, ya estábamos con el tercer disco –Tempestad– y haciendo más bien rock, con lo cual fue una buena culminación. Y justo en el 92 se acaba el grupo.

¿Cómo fue tu experiencia con la industria musical y cómo crees que hubiera sido ahora?
Mi experiencia con la industria no fue buena. No porque la industria fuera mala, sino porque tuve muchos problemas con el productor, Julián Ruiz, ya que quería hacer de nosotros algo que no éramos. Quería hacer un grupo para fans, niños monos para las revistas en las que salíamos tipo Súper Pop y ese estilo. No me gustaba.  En cuanto a lo profesional fue positivo. Las grabaciones se realizaban con medios analógicos y una producción podría costar veinte, treinta mil euros o más. Eran grandes producciones, alucinantes. Recuerdo que la producción de Entre tú y yo y de todo el disco, La cabaña de la colina, se hizo paralelamente con la grabación de Eloise de Tino Casal. Estábamos en el mismo estudio, siempre hablábamos con él al cruzárnoslo, y se refería a nosotros como «chavalillos, qué majos, qué monos». Ahora, industria musical hay poca, y las que hay se fijan en grupos que ya tienen miles o millones de reproducciones. Es como si ahora la industria musical no hiciera nada por ti, es decir, tú te lo tienes que currar, y cuando ya eres un grupo que despega, te fichan. Ahora sería muy diferente, sería una competitividad muy difícil. No sé si hubiéramos salido adelante, hoy hay millones y millones de chavales que quieren hacer lo mismo. Antes había menos talento, en cuanto a menos gente focalizada en ser artista, porque ahora mismo todos quieren ser o youtubers o tener un grupo. Pero sí, hubiera sido muy difícil ahora.

Tu cuarto y último disco, El imperio de los sentidos,  lo publicaste en 2011 ¿Por qué no te has animado aún a sacar nuevos trabajos?, ¿qué te frena?
Básicamente porque no hay promoción. No ha habido una compañía de discos que nos apoyara. El imperio de los sentidos fue una autoproducción, fastidia mucho y es muy duro hacer grandes trabajos, buenos y currados para que luego no pase nada. Es como que uno tiene que hacer otras cosas también para mantenerse, con lo cual no tenía ni fuerzas ni ganas para hacer nada más porque no se me ofrecía algo importante como una gira.

¿Por qué se separó El Norte?
Por varios factores, pero el más importante es que cuando ya tenía preparadas las canciones para el cuarto disco les dije a Sony que quería hacer el cuarto disco sin Julián Ruiz, con cualquier otro productor, el que fuera menos él, no lo quería. Con él ya habíamos realizado los tres trabajos anteriores, y ya no me llevaba bien, porque quería seguir en una línea antigua de pop, no dejaba evolucionar al grupo, quería restringir las guitarras, que yo siguiera cantando de una forma más aguda, más híbrida, más infantil y nosotros ya queríamos evolucionar, nos gustaban grupos más modernos. Solíamos hacer giras con Héroes del Silencio, de los que nos hicimos amigos, queríamos evolucionar y Julián no nos dejaba. Y claro, fue un error, no me di cuenta de que era el número dos de la Cadena Ser, y si no producía el disco, no iba a salir en Los 40 Principales, y si un grupo no sale en Los 40, no existe. Sony me llamó y me rescindió el contrato, que no seguían con nosotros si no estaba Julián. Quise buscar otra compañía, las cosas se torcieron, tuve una depresión grande, y estuve tres años sin coger ningún instrumento. Quedé muy decepcionado. Y cuando pasaron ciertos años ya nos habíamos disgregado y no quise hacer nada más. Nuestro cuarto disco –Tempestad– ya no era El Norte como grupo, era rock. Lo dejamos como El Norte para darle algo más de popularidad.

¿A qué se ha dedicado Carmelo López estos últimos años?
También he sido pintor casi toda mi vida. Desde el año 2004 es cuando me centro más en la pintura porque es un arte en el que puedes tener la libertad total para hacer lo que te da la gana. Mis aspiraciones eran hacer exposiciones, hice bastantes y también lo fui dejando porque tampoco me podía ganar bien la vida con ello. He podido ir sobreviviendo sobre todo por mis derechos de autor.

¿Qué proyectos musicales te rondan?
Gracias a Javier Palacios toqué hace años en acústico en Escenario Santander un espacio polivalente y ahora, al enterarse de que estoy viviendo por la zona, me ha ofrecido hacer un concierto en realidad virtual. Son pioneros en ello. Me van a grabar y con gafas de 3D, es como si estuviera dentro de la sala, algo muy puntero. Javi Palacios es el que va a traer a Muse a Santander, un concierto al que va a venir todo el mundo. Hablamos de gente de muchísimo peso. También montaré una banda y haremos varios conciertos por capitales. Ya estoy grabando cosillas, es posible que salgan cosas nuevas.

¿Qué te gusta escuchar?
Lo que más me gusta escuchar durante el noventa por ciento de mi tiempo es música clásica, y más ahora, viviendo entre montañas que entras en éxtasis total. Me gusta el rock bastante fuerte, el jazz, aquellas producciones tan espectaculares y curiosas del pop de los años 80, pero casi todo o todo lo que escucho es en inglés, nunca escucho música en español, es curioso.